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Safatle, o golpe final

julho 14, 2017

Aqueles que, nas últimas décadas, acreditaram que o caminho do Brasil em direção a transformações sociais passava necessariamente pelo gradualismo deveriam meditar profundamente nesta semana de julho.

Não foram poucos os que louvaram as virtudes de um reformismo fraco porém seguro que vimos desde o início deste século, capaz de paulatinamente avançar em conquistas sociais e melhoria das condições de vida dos mais vulneráveis, enquanto evitava maiores conflitos políticos graças a estratégias conciliatórias.

“Há de se respeitar a correlação de forças”, era o que se dizia. Para alguns, isso parecia sabedoria de quem lia “A Arte da Guerra”, de Sun Tzu, antes de reuniões com José Sarney e a lama do PMDB. Eu pediria, então, que meditássemos a respeito do resultado final de tal sabedoria.

Pois o verdadeiro resultado dessa estratégia está evidente hoje. Nunca o Brasil viu tamanha regressão social e convite à espoliação do mundo do trabalho.

O salto de modernização que nos propõem hoje tem requintes de sadismo. Ou, que nome daríamos para a permissão de mulheres gestantes trabalharem em ambientes insalubres e de que trabalhadores “tenham o direito” de negociar seu horário de almoço?

Tudo isso foi feito ignorando solenemente o desejo explícito da ampla maioria da população. Ignorância impulsionada pelo papel nefasto que tiveram setores majoritários da imprensa ao dar visões completamente monolíticas e unilaterais das discussões envolvendo tal debate.

Mas isso podia ser feito porque não há mais atores políticos capazes de encarnar a insatisfação e a revolta. Hoje, o governo pode atirar contra a população nas ruas em dias de manifestação e sair impune porque não há ator político para incorporar rupturas efetivas. Eles se esgotaram nos escaninhos de tal modelo de gestão social brasileiro.

A reforma trabalhista apenas demonstra que o gradualismo pariu um monstro. Os mesmos que votaram para mandar a classe trabalhadora aos porões de fábricas inglesas do século 19 estavam lá nas últimas coalizões dos governos brasileiros, sendo ministros e negociadores parlamentares.

Ou seja, a política conciliatória os alimentou e os preservou, até que eles se sentissem fortes o suficiente para assumirem a cena principal do poder. “Mas era necessário preservar a governabilidade”, era o que diziam. Sim, este é o verdadeiro resultado da “governabilidade” do ingovernável, da adaptação ao pior.

Como se fosse apenas um acaso, no dia seguinte à aprovação da reforma trabalhista o Brasil viu o artífice deste reformismo conciliatório, Luiz Inácio Lula da Silva, ser condenado a nove anos de prisão por corrupção. Esse era um roteiro já escrito de véspera.

De toda forma, há de se admirar mais um resultado desta política conciliatória –a adaptação ao modelo de corrupção funcional do sistema brasileiro e, consequentemente, a fragilização completa de figuras um dia associadas, por setores majoritários da população, a alguma forma de esperança de modernização social.

O Brasil agora se digladia entre os que se indignam com tal sentença e os que a aplaudem com lágrimas de emoção. Engraçado é ver outros políticos que também mereciam condenação pregarem agora moralidade.

No entanto, o problema é que só existirá essa sentença, nada mais. Este é o capítulo final. Da mesma forma que o capítulo final do julgamento do mensalão foi a prisão de José Dirceu. Perguntem o que aconteceu com o idealizador do mensalão, o ex-presidente do PSDB Eduardo Azeredo.

Ou perguntem sobre o que acontecerá a outro presidente do mesmo partido, aquele senhor que foi pego em gravação telefônica dizendo que deveria procurar um interceptador para propina que pudesse ser assassinado.

Ou o ex-presidente FHC, citado nos mesmos escândalos que agora condenam Lula. Muitos reclamam da parcialidade da Justiça brasileira: há algo de comédia nessa reclamação.

Que esta semana seja um sinal claro de que uma forma de fazer política no Brasil se esgotou, seus fracassos são evidentes, suas fraquezas também. Continuar no mesmo lugar é apenas uma forma autoinduzida de suicídio.

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Artigo muito interessante que recomendo

julho 14, 2017

La marginalización de Argentina

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Autor(es): Salama, Pierre

Salama, PierreSalama, Pierre. Economista, Cepn-Cnrs y GReitd, profesor de la Universidad de París xiii. Ediciones Herramienta tiene en preparación su último trabajo colectivo próximo a publicarse en Francia: Naturaleza y formas del Estado capitalista. Análisis marxistas contemporáneos. Antoine Artous, José Luis Solís Gonzáles, Pierre Salama y Tran Hai Hac.


Argentina se está desarticulando desde hace muchos años. Hoy está nuevamente en crisis. El crecimiento del Producto Bruto Interno (PBI) es negativo. La grave crisis, el aumento de la inflación y la errónea política económica que aplica el nuevo presidente buscando salir de la trampa de la estanflación, incrementan las desigualdades y aumentan la pobreza sin lograr recuperar la confianza de los inversores. El diagnóstico de la herencia Kirchner es equivocado. Frenando la demanda interna no puede resolverse la crisis que dejó la presidencia Kirchner ni disminuir la inflación. Los remedios aplicados son ineficaces y agravan la situación. Tal es la tesis expuesta en este artículo.
A pesar de los rebotes, Argentina se desindustrializa. El nivel de productividad del trabajo y su crecimiento son muy bajos, sobre todo en comparación con los países asiáticos emergentes. Peor aún, la dispersión en torno a la media es muy grande, mucho más que la observada en los países avanzados. Lo mismo ocurre con los salarios. A igual calificación, los salarios pagados por las grandes empresas son muy superiores a los que perciben los asalariados en las empresas pequeñas y medianas.
Argentina se desindustrializa y al mismo tiempo se dispara la inflación, entra en crisis y el aumento de los precios se acelera. ¿Existe una relación de causa-efecto entre la desindustrialización y el mayor aumento de precios? ¿Significa esto que la inflación no se origina principalmente ni por un exceso de demanda y/o la oferta de dinero, ni por la mega-devaluación -aunque ésta pueda tener como efecto temporarios un pico inflacionario-, ni por comportamientos oligopólicos -aunque éstos existan-, ni por conflictos distributivos -aunque los mismos favorezcan la inercia de una inflación en un nivel alto-? ¿Se origina, fundamentalmente, por la incapacidad de los sucesivos gobiernos de promover una política industrial a largo plazo, jugando sobre nichos de alta tecnología con el fin de insertarse positivamente en la división internacional del trabajo, tal y como hicieron y hacen Corea del Sur, Taiwán, etcétera, favoreciendo así una mutación en el comportamiento de los inversores que en lugar de una tendencia rentista, optarían por una actitud schumpeteriana?
1. Un trayecto económico regresivo: algunos hechos reveladores
El relegamiento de Argentina viene de lejos. Mientras que en 1913 el ingreso per cápita de la Argentina equivalía al 65% del de Gran Bretaña y en 1945 se situaba aún en el 60%, para pasar en 2001 al 39%. La comparación con el ingreso per cápitade los españoles es más elocuente aún: 393% en 1913, 290% en 1945 y 51% en 2001. El ingreso per cápita de los argentinos pasó pues de cuadruplicar al de los españoles a poco más de la mitad.
Otros datos, igual diagnóstico: marcada decadencia. En 1980, Argentina era el único país de América Latina que estaba entre los primeros 50 países exportadores de productos manufacturados, ocupando la posición 26. En 1985, China se ubicaba en la posición 26 y Argentina, ya superada por Brasil, ocupaba el puesto 32. En el 2000 estaba en el puesto 40, en el 2005 en el 45, y en 2009 en el 37, según los trabajos de Gallagher.1
Comparar es ilustrativo. No es preciso remitirse a las teorizaciones que en su tiempo hiciera Rostow sobre las etapas del desarrollo, para reconocer que hay trayectorias portadoras de futuro, y otras que lo son menos o nada. El gráfico de abajo distingue los países según el valor agregado de la industria (densidad industrial) por habitante en dólares (en ordenada) y la participación del sector manufacturero en el PBI (en abscisa). El cruce de ordenada y abscisa se sitúa en U$S 3000 y 18%.
Los países latino-americanos se caracterizan por la débil densidad industrial y el escaso peso del sector manufacturero en el PBI (primer cuadrante); los tigres asiáticos y China, por una densidad relativamente débil y una participación más importante del sector manufacturero en el PBI (segundo cuadrante); y los dragones (Corea, Taiwán, Singapur) y Alemania se caracterizan por tener simultáneamente una elevada densidad industrial y un peso también elevado del sector manufacturero en el PBI. En los países avanzados (cuarto cuadrante), el aumento en el peso de los servicios está acompañado por la desindustrialización: su densidad industrial disminuye así como también el peso del sector manufacturero en el PBI. En el curso de la historia, el recorrido económico de muchos países asiáticos fue el pasaje de uno a otro cuadrante, de izquierda a derecha y de abajo hacia arriba, con el valor agregado por habitante aumentando a medida que la densidad industrial crecía, en los dos primeros cuadrantes.
La constatación es implacable. El trayecto económico de los países latino-americanos no les permite insertarse de manera positiva en la división internacional del trabajo. La inserción en la división internacional del trabajo que implica la reprimarización de sus economías favoreció la desindustrialización precoz, un crecimiento letárgico y a largo plazo la sobrevaluación de sus monedas, ya sea por los ingresos generados por la exportación de materias primas o por las transferencias de ingresos de migrantes a los Estados Unidos.2
Muchos países asiáticos experimentaron en los últimos cuarenta años una rápida industrialización, altas tasas de crecimiento acompañadas de una tasa de cambio subvaluada. Inversamente, los países latino-americanos se mantuvieron casi fijos en el cuadrante en que se encuentran los países atrasados: débil densidad industrial por cabeza, débil porcentaje del valor agregado de la industria en el PBI y una tendencia a largo plazo a la sobrevaluación de las monedas (interrumpidas por frecuentes crisis financieras).
Gráfico 1: trayectos económicos comparados
Fuente: Albrieu R. y otros (2015): Argentina: una estrategia de desarrollo para el siglo XXI, edición Turmalina, pág. 54.
El crecimiento siguió siendo modesto mientras que en otros países aumentaba. Así, en lugar de emprender el camino de favorecer su industria como hicieron los tigres y después los campeones, los países latino-americanos se quedaron… en el mismo sitio. Argentina no es una excepción, pese a que el período post-convertibilidad se caracteriza por una tasa de crecimiento del PBI relativamente alta, entre 2003 y 2008 y luego un crecimiento (algo menor al indicado por las estadísticas oficiales) hasta el 2013.3
Cuadro 1: Tasa de crecimiento del PBI interanual en % según diversas fuentes
Fuente: “Informe de coyuntura económica”, GERES n° 13, 2016. Los datos del INDEC difieren de los que fueron suministrados bajo la presidencia Kirchner. Sobre todo los referidos al año 2009, para el cual el INDEC estimaba un crecimiento nulo, dato que fue corregido a la baja en el 2016.
Los principales países latino-americanos, Argentina entre ellos, iniciaron ese camino, pero desde los años 1990 y sobre todo 2000, se apartaron del mismo: su PBI aumentó modestamente y la participación de la industria transformadora en el PBI retrocedió, de modo que, a diferencia de los países asiáticos, no pudieron pasar al segundo cuadrante como lo hicieron en su momento Corea del Sur o Taiwán, países con población comparable a la de Argentina. Muy por el contrario, con la reprimarización se desplazaron de derecha a izquierda y de abajo hacia arriba en el primer cuadrante. Argentina no siguió el camino emprendido por los países asiáticos y se especializó (de nuevo) en los productos con renta en detrimento del tejido industrial, sobre todo durante el segundo gobierno de Cristina Kirchner. La industria perdió importancia tanto a nivel cuantitativo como cualitativo. Se está entonces en presencia de una desindustrialización precoz.4
Gráfico 2: Desindustrialización en algunos países, en % del PBU, en valor agregado, base 100=1965
Fuente: a partir de World Developement Indicators, World Bank, en Castillo M. y Martins Neto A.: “Premature desindustrialization in Latin America”, Cepal, serie Production developement n° 205, 1-23, 2016, pág. 9.
Gráfico 3: Empleo en la manufactura
Igual fuente, pág. 13.
En Corea del Sur y otros países asiáticos, la expansión de la industria constituye el motor de un alto y duradero crecimiento y de un consecuente aumento de la productividad del trabajo. En Argentina, la preferencia por las actividades rentistas permite durante cierto tiempo un crecimiento importante pero muy vulnerable. Esto es compatible con un crecimiento de la producción industrial durante los primeros años por dos razones: la desaparición de la restricción externa gracias a la expansión de las actividades rentistas muy lucrativas hasta 2012, y el mantenimiento de una tasa de cambio sub-valuada hasta 2008-2010 que protege la industria. La competitividad se mantenía gracias a esta “ventaja”. Pero la importación, incluso a un costo relativamente alto debido a la sub-valuación de la moneda, corroe los márgenes y pasa a ser preferible importar los productos de mediano y alto coeficiente tecnológico en vez de producirlos, más aún debido a que el tejido industrial había sufrido muchísimo por la hiperinflación y la falta de inversiones en los años 1980, así como también por la política de liberalización de intercambios de los años 1990 y por el desenganche de Argentina en términos de esfuerzos de investigación-desarrollo en relación al PB (entre 0,5% y 0,7% contra 4,5% en Corea del Sur). Como puede verse en el gráfico siguiente, Argentina queda confinada al cuadrante caracterizado por exportaciones de media y alta tecnología (en % del total de las exportaciones) y poco innovadoras.
Gráfico 4: Trayectorias de Argentina, México y Brasil, 1965 y 2012
Fuente: Banco Mundial, COMTRADE, USPTO y OCDE, en Schteingart D. y Coatz D.: “¿Qué modelo de desarrollo para la Argentina?” en Boletín informativo TECHINT n° 349, 2015, 49-79, pág. 66.
En síntesis, si el crecimiento pudo ser más alto en los años 2000, aunque siempre lejos de los puntajes asiáticos, se debió a que la restricción externa fue puesta entre paréntesis por la expansión del precio internacional de las materias primas, que empujaba a los países hacia adelante pero haciéndolos más vulnerables y participando, vía la valorización de la moneda, en la destrucción de vastos sectores de la industria nacional. Más vulnerables aún porque, cuando se invierte la curva alcista de las materias primas, el debilitado tejido industrial tiene menos posibilidades de aprovechar la devaluación de la moneda nacional (no quiere decir esto que no lo haga, pero en menor escala). En todo caso, la protección que ofrece la devaluación de la moneda nacional sólo es de corta duración porque el tejido industrial es cada vez menos eficiente, los bienes de equipo envejecen debido a la anterior falta de inversiones suficientes y los sectores de mediana y alta tecnología tienen cada vez más dificultades para enfrentar la competencia internacional, asimismo, la desaparición de la restricción externa hace posible esas importaciones, como puede verse en el cuadro que sigue. Los déficits afectan principalmente a los bienes de mediana y alta tecnología. Las fugas de capital amputan entonces las reservas. La reacción del gobierno fue aumentar los obstáculos administrativos para importar y adquirir divisas. Como un mal jugador de ajedrez, el gobierno reaccionó sin anticipar las posibles respuestas del “adversario” y multiplicó las medidas administrativas superponiéndolas, una tras otra, a medida que caía la eficacia de su política.
La desindustrialización pasa entonces de cuantitativa a cualitativa. El tejido industrial se orienta cada vez más hacia la producción de bienes con débil contenido tecnológico y baja calidad, como puede verse en el siguiente cuadro.
Cuadro 2: Saldo de la balanza comercial de productos industriales según el contenido tecnológico en millardos (mil millones) de dólares
Fuente: Martin Schorr y Andrés Wainer: “Argentina en la posconvertibilidad: de la holgura a la restricción externa. Una aproximación en clave estructural”, 2015, mimeo, 1-20, pág. 8, con los años de crisis ligeramente sombreados.
Todas las ramas resultan afectadas, pero lo son más las que producen bienes de mediana y alta tecnología como puede verse en el déficit de la balanza comercial de bienes industriales según niveles tecnológicos (cuadro de arriba). El tejido industrial se orienta cada vez más hacia la producción de bienes con bajo contenido tecnológico y de menor calidad, que son precisamente los más amenazados por la competencia asiática. En promedio, aunque con notables excepciones, los equipos son muy antiguos, incluso obsoletos, lo que pesa en la productividad del trabajo, aún en las grandes empresas.
Las pequeñas y medianas empresas (PYME), que son el 96,7% del total y representan el 48,7% del empleo formal, 40% del PBI y 5% de las exportaciones, son especialmente afectadas por la pérdida de competitividad, pues la edad promedios de sus equipamientos es a veces considerable como puede verse en el cuadro que sigue:
Cuadro 3: Brecha tecnológica percibida por las empresas PYMES argentinas en relación a las empresas líderes en el sector y en el mundo, y promedio de edad de los equipos, en un panel de 100 empresas, 2016
Fuente: Giarrizzo V. y Montano F.: El stock de capital en la industria pyme: condiciones para modernizar la maquinaria y el equipo de producción, CIPPEC, documento n° 172, 1-14, 2016, págs. 5 y 3
La encuesta realizada entre las PYME es reveladora de comportamientos poco schumpeterianos (Giarrizzo V. y Montano, F., 2016). Según los autores, la edad promedio de los equipos utilizados por las pymes es de 8,7 años, el 66,4% de las empresas utilizan maquinarias obsoletas o muy obsoletas, amortizadas hace ya mucho tiempo, y tienen “una actitud pasiva ante la modernización tecnológica”. La capacidad de utilización de las tecnologías de la información y la comunicación es particularmente baja: en el ranquin mundial en 2015 Argentina se ubica en el puesto 91° y en el 14° considerando América Latina. La brecha con respecto a las empresas líderes a nivel mundial es muy grande, como puede verse en el cuadro de arriba.
Es lógico por tanto que los excedentes aportados por las exportaciones de productos primarios de elevada rentabilidad sean cada vez menos capaces de compensar las importaciones netas de productos industriales de mediana y alta tecnología. El comercio con China es muy deficitario. Argentina exporta productos primarios con renta, principalmente soja (en forma de granos, tortas y aceites) e importa bienes manufacturados. El déficit comercial con China aumenta medida que su tejido industrial se muestra cada vez más incapaz de responder en condiciones de rentabilidad aceptable a las demandas de productos industriales y pasa a ser considerable, como puede verse en el cuadro inferior. Argentina es ciertamente menos deficitaria de lo que lo es México en el comercio con China (por un dólar vendido, se importan diez, aunque deben tenerse en cuenta que por carecer de materias México vende poco a China), pero es mucho más deficitaria que Brasil. Aun levemente positivo en 2007 (77 millones de dólares), el saldo comercial con China pasa a ser cada vez más negativo: – 4.832 millardos de dólares en 2012 y – 6.318 millardos de dólares en 2014 (fuente ABCEB a partir del INDEC).
2. ¿La historia puede repetirse? La paradoja de una inflación que aumenta en el momento en que “debería” bajar
La liberalización de los mercados a comienzo de los años 90, la maxi-devaluación que alineó la tasa de cambio oficial con la tasa paralela, la plena y total convertibilidad incluso para las transacciones internas entre peso y dólar sin costo de transacción, pudieron quebrar la híper-inflación y en pocos meses la misma volvió a tasas anuales de una cifra. Es posiblemente el esquema que el presidente Macri tenía en la cabeza al asumir sus funciones en diciembre de 2015, cuando devaluó la moneda alineándola a nivel de la tasa paralela (ver gráfico inferior), liberalizo el movimiento de capitales, suprimió las subvenciones masivas a la energía, despidió numerosos empleados públicos, pensando que rápidamente la inflación disminuiría significativamente5, los capitales ingresarían a Argentina y llegaría la recuperación económica. Pero la situación es diferente a la de finales de los años 1980: 1) el comercio internacional se hace más lento; 2) la caída de los precios de las materias primas pesa en los intercambios con China y las exportaciones de los productos con renta llegan cada vez menos a cubrir el saldo negativo de la balanza comercial de productos industriales; 3) el comercio con Brasil es afectado por la profunda crisis de éste país en 2015 y 2016; y finalmente, como hemos visto, 4) el tejido industrial no se modernizó nada en los años 2000, lo que limita las capacidades de respuesta de la industria a la reducción de sus precios de exportación luego de una devaluación6.
Gráfico 11:
Fuente: informe… GERES, ob. cit. p. 33.
Una política de austeridad tiene, generalmente, efectos recesivos y un costo social más o menos grave según la magnitud de las medidas adoptadas y la existencia o no de amortiguadores sociales. A cierto plazo, puede llevar al saneamiento de la actividad económica y el restablecimiento de márgenes de las empresas que permitan una recuperación. El plazo puede ser más o menos largo según varios factores: 1) la magnitud de la crisis; 2) la naturaleza de las causas que le dieron origen; 3) la pertinencia de las medidas adoptadas; 4) el déficit de legitimidad que tales medidas pueden implicar acarreando frecuentemente una pérdida de racionalidad gubernamental, que avanza y retrocede simultáneamente. Por lo tanto, de una crisis no emerge necesariamente un saneamiento. No siempre la recesión es “un baño rejuvenecimiento”. Dicho de otro modo, si para las empresas e inversores una crisis puede ser en definitiva una oportunidad, también puede ser una oportunidad perdida para el capital en su conjunto con un mayor costo social.
La elección entre medidas brutales y rápidas, de tipo big bang, o medidas gradualistas, determina el tipo de austeridad. Según algunos economistas, con medidas adoptadas rápida y simultáneamente –el big bang– el efecto recesivo es mayor que con el gradualismo pero la recuperación es más rápida y más fuerte. Para otros economistas, como McKinon, constituye una política eminentemente peligrosa: utilizando una metáfora, precisa que la liberalización brutal del conjunto de los mercados “es como caminar sobre un terreno minado, nunca se sabe si el próximo paso no será el último”. Por su parte, Eichengreen escribe: “la Historia está llena de los cadáveres de países que liberalizaron los mercados financieros y abrieron demasiado rápido la cuenta capital de la balanza de pagos…”. Sin embargo, aun calificando a la política seguida por Macri de big bang, Eichengreen opinó que la recuperación podía ser tan rápida como fuerte fuera la crisis consecutiva a dichas medidas. Sin embargo, la crisis continúa y se profundiza, con lo que el pronóstico de Eichengreen se reveló equivocado.
La producción industrial cae UN -7,9 % según el INDEC, un –7,4 % según la FIEL (informe de coyuntura, GERES, ob. cit., p. 10) en julio de 2016 con respecto a julio 2015. Que la tasa de inflación aumente en lo inmediato no es sorprendente (ver gráfico de abajo). La devaluación genera un aumento de precios importante, 4,7 % en diciembre 2015. La misma disminuye ligeramente e inmediatamente después experimenta un importante rebote. En términos anualizados, la inflación pasa de 25 % en noviembre 2015 a 46 % en diciembre 2016. Crisis económica, aceleración de la inflación, importante aumento de la desocupación (ver cuadro inferior), pocas inversiones extranjeras en lugar de las muchas que se esperaban, mayor precarización de los empleos y caída de los ingresos provocan el aumento de la pobreza. Según las encuestas realizadas por la UCA, próxima al gobierno, el porcentaje de pobres pasó de 29% en diciembre 2015 a 34,5% en abril 2016. Y existe un gran riesgo de que porcentaje aumente, triste ironía para un gobierno que había prometido erradicar completamente la pobreza en cuatro años.
Así, es forzoso constatar que el pronóstico del gobierno Macri no se cumplió al cabo de diez meses de ejercicio del poder. Decididamente, la Historia no se repite del mismo modo, sino que, parafraseando, se repite como tragedia con su secuela de nuevos pobres, caída en el nivel de vida y cada vez mayor desigualdad en la distribución de ingresos.
Cuadro 4: Tasa de inflación, junio y diciembre, 2012-2015, luego de enero 2016 a junio 2016, mensual, acumulado en 12 meses
Fuente: GERES, ob. cit., calculado a partir de datos de DPE de San Luis y ciudad de Buenos Aires y de entidades consultoras privadas, recuérdese que en enero 2014 y en diciembre 2015 se produjeron dos mega-devaluaciones.
Cuadro 5: empleo, desocupación, sub-empleo, a partir de EPH-INDEC, en 31 conglomerados
Fuente: CESO, Informe económico mensual, septiembre 2016.
¿La inflación se mantiene en un nivel alto a causa de que el aumento de los salarios es supera al de la productividad? El aumento de los salarios reales no fue tan importante como lo anunciado por la anterior presidencia. Es verdad sin embargo que superó el de la productividad del trabajo7, muy modesto por cierto, como puede verse en el cuadro de abajo. Crece poco de conjunto y no es para nada resultado de una transformación estructural del paisaje industrial, dicho de otra manera de una transformación en la composición de la producción a favor de las ramas y empresas más productivas. Y su efecto estructural es muy débil. Mientras la productividad promedio aumenta a una tasa anual de 1,59%, durante el mismo período en China aumentó el 10% anual, de los que 7,6 puntos se deben mejoras de la productividad en las ramas y 2,37 a una transformación estructural; y en Corea del Sur fue de 3,21%, con 3,81 puntos y -0,61 puntos respectivamente. Desde este punto de vista, Argentina al igual por lo demás que muchos países latinoamericanos, carecen del giro productivo que toman las economías asiáticas.
Cuadro 6:
Fuente: Castillo, p. 21.
¿Se debe a la crisis, latente y luego precipitada por la política del gobierno después de diciembre de 2015? El crecimiento de la productividad es mediocre, muy por debajo de lo que puede verse en los países emergentes latinoamericanos. Con una tasa de crecimiento de los salarios reales superior al crecimiento de la productividad y una tasa de apreciación real de la moneda nacional, es lógico que de conjunto, desde un punto de vista macro-económico, Argentina pierda competitividad, más aun cuando las inversiones en infraestructura (transportes, energía) y la investigación son también muy insuficientes, pese a un cierto esfuerzo en la educación durante los años Kirchner. Es necesario ir más allá del análisis maco-económico y afinar el análisis. Dos países pueden tener un crecimiento de la productividad semejante, un costo unitario de trabajo (combinación de la productividad, los salarios y la tasa de cambios) equivalentes, y tener en un caso considerables excedentes comerciales (Alemania, por ejemplo) y en el otro un déficit comercial no despreciable (por ejemplo, Francia). Más allá de los promedios, hay que analizar la dispersión de la competitividad por sectores, la capacidad de montar las instalaciones y producir nuevos productos de alta calidad para los cuales la elasticidad de la demanda externa con respecto a los precios pese menos que la relativa a los ingresos.
No es el caso de Argentina. Su competitividad pasa por la elasticidad precio en lo que hace a los productos manufacturados de origen industrial (MOI) y de origen agrícola (MOA). Tiene escasa participación en las cadenas internacionales de valor, con la notable excepción del sector automotriz, y en definitiva produce bienes cada vez menos sofisticados tecnológicamente e importa cada vez más bienes sofisticados. El tejido industrial de las PYMES es muy viejo u obsoleto. Probablemente no sea tan así en las grandes empresas. Es lo que explica tanto la desindustrialización en la producción de bienes poco sofisticados y las importaciones sustitutivas de la producción local, como la incapacidad de producir bienes sofisticados acordes a la demanda, lo que origina el creciente déficit comercial que se advierte.
No solamente el crecimiento de la productividad es débil desde hace varias décadas, sino que su nivel está por debajo de lo que sería necesario para que la industria en su conjunto pueda ser competitiva. La dispersión de la productividad es muy elevada, más alta que en los países avanzados. En la industria de transformación los niveles de productividad son muy diversos. Lo mismo ocurre en lo que hace a sus respectivas evoluciones pero no tiene gran sentido razonar en términos de promedio. La OCDE y la CEPAL han mostrado hace algunos años8 que la dispersión en torno a la media tanto de la productividad como de los salarios era mucho más alta en las economías emergentes latinoamericanas que en los Estados Unidos. Si se divide a las empresas según su tamaño en cuatro grupos (grandes, medias, pequeñas y muy pequeñas) y se compara su productividad media con los correspondientes grupos de los Estados Unidos, con índice 100 para cada uno de ellos, se constata que la brecha de productividad no es muy significativa en el grupo de las grandes empresas (podría agregarse que la productividad de las empresas transnacionales es generalmente más alta que la de las empresas nacionales, salvo algunas excepciones), pero que dicha brecha crece cada vez más a medida que se pasa del grupo de las medianas, al de las pequeñas y finalmente al de las muy pequeñas (en las que se concentra el empleo informal). Resultados comparables se obtienen en lo referido a los ingresos del trabajo, también la dispersión es muy grande.
En Argentina, esta dispersión es mayor aún, la obsolescencia de los equipos en las PYMES es muy grande9. También la crisis aumenta esta dispersión: no todos los sectores la sufren de la misma manera. Es emblemático el ejemplo de la industria. La caída en la demanda, tanto interna como externa debido a las crisis conjugadas de Argentina y Brasil, hace mucho más pesados los costos unitarios de producción a causa del aumento de las capacidades de producción ociosas. Esto tiene un impacto negativo en la productividad del trabajo. Según IDELAS-UCES (2016, n° 85), la productividad del trabajo en combinación con los salarios reales en esta rama (salarios nominales deflacionados por los precios mayoristas en la manufactura) pasa del índice 100 en 1997 al índice 179,8 en 2008 y finalmente al índice 151,8 en 2015. El índice para el conjunto de la industria se estimó en 194,4 en 2015. Existen algunas ramas como la producción maderera, excepto muebles (índice 212 en 2015), papeles y derivados (índice 289,3 en 2015), instrumental médicinal y de precisión (245 en 2015) que no experimentan caídas fuertes a causa de la crisis.
Según los análisis de Coatz, Dragún y Saravia10, la política de márgenes por unidad producida en Argentina es contra-cíclica. Los mismos aumentan en período de contracción de la demanda y crisis, y tienden a disminuir en períodos de crecimiento (p. 56). Puede considerarse entonces que la crisis incrementa la tasa de inflación, sobre todo en las rmas más afectadas por la caída de la demanda.
El diagnóstico que el gobierno Macri hizo de la crisis es equivocado. Ciertamente era necesaria una devaluación teniendo en cuenta la fuerte apreciación de la moneda, pero en lugar de precipitar una crisis latente con medidas de austeridad, hubiera sido mejor sostener la demanda, no dejar que la inflación amputara el poder de compra, con un reforma fiscal e incitaciones a comprimir los márgenes. Una parte más o menos importante de esta demanda se hubiera orientado sobre todo hacia la producción nacional antes que hacia las importaciones, encarecidas a causa de la devaluación. Con mayor protección, las empresas hubieran sufrido menos por las capacidades de producción ociosas y su política de margen menos necesidad de ser contra-cíclica. Mantener la demanda habría evitado precipitar la crisis. ¿Pero eso era posible?
El escenario de caída de los salarios reales no era ineluctable. Era posible mantener el nivel de los salarios reales en la moneda local. Las econom{ias no son totalmente abiertas. El nivel general de precios está compuesto por los precios de bienes expuestos (tradable) y otros que no lo son. Es verdad que el conjunto de esos bienes utiliza de manera mas o menos importante bienes importados cuyo precio aumenta con la devaluación, pero sin embargo el aumento de esos precios no es equivalente a la devaluación salvo que se considere que la totalidad de sus imputs sea importado. Es posible concebir que el aumento de precios posterior a una devaluación sea inferior al aumento de la cotización de la moneda nacional en dólares. Pasando a ser más competitivos los bienes expuestos (el salario en dólares baja), el salario nominal en moneda local puede aumentar sin que ello corroa totalmente el incremento de la competitividad, y el salario real puede entonces mantenerse estable.
Elegir comprimir la demanda de los hogares, es optar por una estrategia costosa en términos sociales, ineficaz en cuanto alimenta la inflación. En lugar de bajar, la inflación aumentó. Contrariamente a la doxa, el mantenimiento de la demanda hubiera permitido disminuir la tasa de inflación. Esto no se hizo, favoreciendo así la continuidad de la marginalización de Argentina.
“Ser realista, es exigir lo imposible”, vivir sin imaginación es repetir y agravar los errores pasados. Las razones por las que la segunda opción es la que se elige más frecuentemente residen generalmente en el modo de resolver las contradicciones entre las clases sociales y en el seno de las mismas. Poco importa para el sector rentista, ya sea el ligado a la finanza o a la explotación de materias primas, que el futuro sea sombrio siempre y cuando las ganancias inmediatas sean elevadas. “En el largo plazo, todos estaremos muertos” escribía Keynes. Así, salir de la desindustrialización, superar la marginalización, optar por la primera opción exigen que se pase por el ojo de una aguja y superar muchos obstáculos. Pero cabe soñar.
El camino es estrecho, hay que pasar por el ojo de una aguja y muchos autores consideran ya que será imposible emprenderlo, olvidando que a pesar de su escaza población pudieron hacerlo países como Corea del Sur, Israel, etc., y que “el pesimismo de la razón es el optimismo del corazón” (Valery) o, en su versión gramsciana, de la “voluntad”.
1 Gallagher P. (2010): “China and the future of Latin American Industrialization”, Policy Brief n° 18, The Frederick S. Pardee Center.
2 Sobre el tema existe ya una importante literatura. Ver Salama P. (2012): Les économies emergentes latino-americaines, entre cigales et fourmis, Armand Colin, collection U, publicado en español y donde puede encontrarse abundante bibliografía.
3 Después del 2007-2008 los datos estadísticos son objetables, pues el INDEC modificó el modo de cálculo de la inflación con el objetivo de subestimarla… La brecha entre la tasa de inflación oficial y la calculada por diversas instituciones no dejó de crecer. Cuando el aumento de precios crece con distintas velocidades según los datos oficiales y los oficiosos, existe un efecto sobre la tasa de crecimiento real del PBI. Cuando la brecha entre los precios oficiales y los oficiosos se acentúa, el crecimiento real es inferior al que mide el INDEC (e inversamente).
4 Desindustrialización precoz: se dice que la desindustrialización de un país emergente es precoz, en relación a la desindustrialización que afecta a algunos países avanzados, cuando el ingreso por cabeza al inicio del proceso corresponde a la mitad del de los países avanzados en el momento en que comienza su desindustrialización. La desindustrialización afecta a los empleos industriales, que disminuyen en relación a los otros empleos e incluso puede bajar en términos absolutos. Es posible medir la desindustrialización a partir de varios indicadores: la evolución de la participación de la industria (en valor agregado) en el PBI, la evolución del peso de la industria en la industria mundial, la participación de las exportaciones manufacturadas en el conjunto de las exportaciones. Pero pueden utilizarse también indicadores de empleo. Para que no haya ambigüedad, esto se refiere a la industria transformadora.
5 En período de hiperinflación, la brecha entre tasa de cambio oficial y tasa de cambio paralela es un indicador del grado de desconfianza en relación a la política del gobierno. Como el sistema de precios relativos tiende a hacerse incoherente (no todos los precios aumentan al mismo tiempo y en el mismo porcentaje), los agentes económicos procuran restablecer la coherencia de los precios indexándolos según la tasa de cambios paralela, a sus ojos la única confiable. Mientras más se devalúa la tasa de cambio paralela, más aumentan los precios. La moneda pierde así una de sus funciones, la de unidad de cuenta, pues los precios pasan a ser fijados en relación al dólar paralelo: se dice que se trata de una dolarización pasiva o de facto. La tasa de cambios paralela adquiere entonces un rol central en la determinación de la tasa de inflación, y a la vez, cuando aumenta la inflación cae la confianza en la política del gobierno, con lo que la brecha entre las dos tasas aumenta, lo que da nuevo impulso a la inflación. Por lo tanto, una mega-devaluación alineando la tasa oficial con la tasa paralela, acompañada por una política de liberalización sobre todo del mercado de capitales, puede llevar a trabar la devaluación de la moneda y reducir entonces rápidamente la tasa de inflación, como ocurrió bajo la presidencia de Menem a comienzo de los años 1990. Claro que no es este el resultado obtenido por el gobierno Macri: la inflación, después de aumentar había bajado y pero luego el aumento de los precios se aceleró nuevamente, revelando la existencia de problemas estructurales no resueltos.
6 Este último punto es subrayado por Fiorito A., Guaita N. y Guaita S.: “El mito del crecimiento económico dirigido por el tipo de cambio competitivo”, en Circus, revista argentina de economía n° 5, 2013, ps. 81-105. No compartimos totalmente dicho diagnóstico. Una devaluación no conduce inmediatamente a la recuperación de las exportaciones y la reducción de las importaciones (curva en J). La fase más o menos prolongada de no recuperación, depende del estado del tejido industrial y por tanto de su elasticidad precio de oferta, de la magnitud de la devaluación, de las elasticidades de la demanda externa en relación a los precios. En el caso argentino, el deterioro del tejido industrial y la crisis de Brasil hacen que esta fase pueda ser relativamente larga, probablemente más larga que en Brasil. Obsérvese que en Brasil, la devaluación de la moneda nacional tras la crisis de 2015-2016 no provocó una recuperación de las exportaciones durante varios meses, la balanza comercial de productos industriales experimentó una reducción del déficit gracias a la caída de las importaciones, pues el crecimiento de las exportaciones no fue inmediato.
7 Que no haya confusión: no es el aumento de salarios lo que origina la falta de productividad. El aumento de salarios es necesario dado las muy fuertes desigualdades de ingresos. Pero debe estar acompañada por una adecuada política cambiaria, por una política industrial que no caída en el clientelismo o de corrupción, lo que no es para nada evidente. La apreciación de la tasa de cambio, el escaso esfuerzo en términos de investigación, la falta de políticas orientadas operan negativamente sobre la competitividad y la rentabilidad de las empresas industriales en promedio (con una fuerte dispersión, sin embargo).
8 OCDE-CEPAL: Perspectives économiques de l’Amerique latine, transformation de l’Etat et developpement.
9 Giarrizzo V. y Montano F.: “El stock de capital en la industria PYME: condiciones para modernizar la maquinaria y el equipo de producción”, CIPPEC, documento n° 172, 1-14.

10 Coatz D.., Dragun P. y Saravia M.: “La rentabilidad en la industria argentina a 12 años de la crisis de convertibilidad: mitos y realidad, costos y precios en la industria manufacturera argentina”, Boletin Informativo Techint, n° 343, 2014, ps. 45-63.

RI MA8. Notas da avaliação final.

novembro 24, 2014
Alice Lee 9,5
Camila Pinheiro Rodrigues Agostinho 7,5
Carolina Morote Atra 8,5
Carolina Nascimento Ferreira 9,5
Christine Pardini de Souza 9,5
Cristina Toth Piller 9,5
Daniel Petrini Victorino 9,0
Danilo Guimarães Santos 9,0
Gabriel Albinati Malaguti 9,5
Gabriela Juarez Cocito 9,0
Gabriela Padua de Carvalho 9,5
Gustavo Catharino Vieira Migliore 8,5
Gustavo Rufo Peres 10
Jade Sophie de Souza Pinheiro 8,0
Larissa Frozel Barros 8,5
Letícia Cordeiro de Souza Paes 7,5
Ligia Zambone Moreira 10
Luiza Elias Munhos 9,5
Maria Vassimon de Assis 9,5
Mariana Fumagalli Marteleto
Marina Calife Dauar 8,5
Natalia Rodrigues Foschini 8,0
Nathália Reale Knoll 9,5
Olivia Prada Wey 4,0
Pedro de Camargo Florence 8,5
Rafael Mignoni Teixeira 8,5
Rodrigo Augusto Duarte Amaral 10
Thais Miyuki Coelho Sakaguchi 8,5
Tiê Franco Brotto 9,0
Vitoria Marques Lorente 9,0
Zeila Maria dos Reis Lauletta Lindoso 9,0

Nicarágua: 35 años después

novembro 21, 2014

SOLIDARIDAD INTERNACIONALISTA

La llamada de Nicaragua, 30 años después

COLECTIVO

Miércoles 29 de octubre de 2014

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El pasado 27 de septiembre nos reuníamos simultáneamente en Madrid y en Managua sendos grupos de veteranos y veteranas internacionalistas de la Nicaragua sandinista de los 80, la mayoría de los cuales no habíamos vuelto a vernos desde entonces.

El encuentro venía preparándose desde hace más de un año y se había conseguido recontactar a más de 120 internacionalistas, incluyendo brigadistas, voluntarios(as) y cooperantes del Estado español que en aquella década se unieron a otros miles, procedentes de muchos países diferentes, que atrajo entonces Nicaragua, desde la primera oleada provocada por la Cruzada Nacional de Alfabetización puesta en marcha por el gobierno sandinista poco después del triunfo revolucionario, el 19 de julio de 1979. El apasionante reto de una revolución en uno de los países más pobres del continente americano, enfrentada a la guerra de baja intensidad financiada por el imperialismo, basada en una visión no dogmática ni burocrática de la transformación social y económica, cautivó y movilizó a miles de internacionalistas, y aquella experiencia marcó nuestras vidas. Desde el Estado español fueron sucesivas las remesas de voluntarios(as) organizadas desde la red de Comités de Solidaridad con Centroamérica existentes en todo el estado, o desde sindicatos y comités de empresa, o de forma espontánea e individual, hasta la derrota electoral sandinista en el año 90. Y muchas y muchos seguimos posteriormente vinculados, bien con Nicaragua, o bien con la solidaridad y la cooperación internacional. Recordar y documentar esa experiencia es el primer motivo de este reencuentro; y además, también el reflexionar sobre qué mensaje o lección nos ofrece, 30 años después. Como primer resultado de ambos encuentros, fue aprobada la siguiente declaración.

Luis Suárez “Güiti”

Declaración internacionalista

Nos llamaron internacionalistas, brigadistas, cheles, y también cosas peores, y nos creímos aquello de que otro mundo era posible. Nos aventuramos a cruzar fronteras enigmáticas sin pensar en las posibles consecuencias de semejante temeridad. Nos atrevimos a movernos por el planeta, con la ingenuidad de pensar que las fronteras no deberían existir. Construimos puentes y no barreras, saliendo del estado español para caer, sin paracaídas, en suelo nicaragüense. Pensando en comernos el mundo, al llegar a tierra firme nos dimos cuenta que era el mundo el que se nos iba a devorar.

Atraídos por la oportunidad que se nos brindaba de participar en la construcción de una nueva sociedad, nos unimos allí a muchas otras personas que ya habían acudido desde todos los rincones del mundo para apoyar a un pueblo que se acababa de liberar de la opresión.

En la memoria de nuestra piel y de nuestra historia latía la gesta de la solidaridad internacional con la república española y contra la sublevación militar fascista, solidaridad tan generosa como en muchos casos heroica.

Estimulados, además, por nuestra reciente salida del largo túnel de la dictadura, todo contribuía a dar sentido y continuidad a una nueva movilización transfronteriza con la que construir un tejido moral, solidario y generoso que sentíamos imbatible, en apoyo a la construcción de sueños y de vidas más justas.

Llevábamos en la mochila un puñado de libros y la sana intención de enseñar al que no sabe. Pero una vez estrellados contra una realidad mucho más compleja, nos dimos cuenta que nuestros desfasados manuales nos iban a servir de poco, que nuestras ganas de enseñar se habían convertido en ganas de aprender, que la esperanza de construir un mundo nuevo chocaba con poderosos enemigos y dificultades. Un dolor profundo nos había despertado del sueño de la utopía, abriéndonos los ojos ante la tragedia de un pequeño y violentado país al que no se le permitía ni respirar. El poderoso gendarme del norte había decidido castigarle por atreverse a ser libre con una cruel guerra de baja intensidad mediante fuerza interpuesta: los mismos oligarcas y sicarios que lo habían sojuzgado durante decenios, ahora terroristas mercenarios del imperio.

Conocimos así de primera mano el sufrimiento ajeno, nos dejamos allí la piel, en algunos casos literalmente, sucumbimos ante tanta ternura entregándonos al mestizaje, cultural y, en muchos casos, también personal y familiar, con un pueblo hospitalario hasta la fraternidad. Y, en definitiva, esa vivencia nos cambió e hizo mejores.

QUIENES nos hemos hoy aquí reunido, y quienes nos han enviado su adhesión, firmantes de este manifiesto, que fuimos cooperantes, o fundamos ONGs, o que desde cualquiera de las múltiples formas de compromiso personal escribimos en Nicaragua esa gran página masiva, coral y diversa, de la solidaridad internacional de los pueblos del estado español,

Quienes seguimos siendo internacionalistas, y participamos, ya sea de forma voluntaria o profesional, en otros proyectos, con otros pueblos que en el mundo luchan por su liberación y su desarrollo,

Quienes a veces nos preguntamos si el esfuerzo valió la pena, si sirvió para algo tanta energía invertida…

DECLARAMOS que sí, que mereció la pena, que, independientemente de lo que hagan o dejen de hacer los Gobiernos, aquella alianza de los ochenta entre los pueblos del mundo y el pueblo nicaragüense fue y seguirá siendo indestructible, porque fue sellada con coraje y sudor entre la gente y por la gente.

AFIRMAMOS que ningún Gobierno podrá destruir los vínculos de solidaridad y amistad que existen entre los pueblos del estado español y Nicaragua, y que esa experiencia pionera ha de inspirarnos para tender nuestra mano a todos los pueblos, colectivos y comunidades oprimidos, donde quiera que se hallen. Muy especialmente en estos momentos, cuando desde muchos países del norte, y en particular desde nuestro gobierno, se recortan hasta la irrelevancia los fondos de cooperación, se cercena el acceso a la justicia universal, y a cambio se invierte en nuevas barreras frente a los que huyen de la pobreza, la violencia y/o la persecución política.

ANIMAMOS a nuestra sociedad a seguir escribiendo nuevas páginas de fraternidad, solidaridad y acogida con quienes sufren opresión económica, política, cultural, de género o de cualquier tipo, por muy diferentes y lejanos que sean, rechazando usar la crisis como coartada para el egoísmo y la indiferencia.

30 años después, rememoramos a todos y todas los que desde cualquier rincón del planeta lo dejaron todo para acudir a la llamada de Nicaragua, reafirmamos, con Gioconda Belli, que la solidaridad es la ternura de los pueblos, y nos comprometemos a practicar y promover el internacionalismo activo, por encima, y a pesar de, los gobiernos y los intereses nacionales.

Madrid y Managua, 27 de septiembre de 2014

Orientação para Trabalho Final Turma RI MA8 e NA8 2/2014

novembro 2, 2014

Data de entrega: 7/11/2014

Conteúdo: Desenvolver texto dissertativo sobre um dos seguintes temas: 1) Refugiados e 2) Comentar paralelo no debate suscitado pelo Mike Davies em Holocaustos Coloniais e a crise hídrica que existe hoje no Brasil. Para tal efeito ver dossiês sobre a água aparecidos na Folha de São Paulo em 14/09/2014 (Caderno Especial “Tudo sobre a crise da Água”) e em 21/10/2014 no Caderno Cidades sobre “Polígono da Seca no Sudeste”.

O trabalho pode ser desenvolvido a critério pessoal e individual articulando os dois temas.

Ainda, aqueles que estiverem desenvolvendo TCC ou projeto de pesquisa sobre temáticas abordadas na disciplina podem apresentar trabalho final baseado nesse assunto.

Observação importante: 1) Na eventualidade da entrega ser feita por e-mail (felixruizsanchez@gmail.com) fazer constar no assunto: Nome e turma, bem como no texto apresentado encaminha-lo como anexo constando nome e turma.

Não esquecer do Título (e sub-título, se houver e for necessário) nem das Referências Bibliográficas.

O Trabalho deverá ter até 5 páginas como máximo (excluída a capa e as referências bibliográficas)

Bom trabalho para todxs!

Apresentação Genocídios e extermínios

novembro 2, 2014

 

 

RI MA6 E NA6. LEITURAS DA UNIDADE III E TRABALHO FINAL.

outubro 15, 2014

Calendário: 15/10 a 26/11.

Entrega do Trabalho Final 03/12.

Leituras:

Alfredo L. Palacios e José Carlos Mariátegui. 22/10

APRA – 29/10.

Getúlio Vargas – 5/11.

Perón – 12/11.

Cuba (Fidel Castro) – 19/11.

Ernesto Guevara, Michael Löwy, Frei Betto e Leonardo Boff – 26/11.

Entrega do Trabalho Final 03/12/2014. Enviar para felixruizsanchez@gmail.com Assunto: Nome completo, Turma. Texto em anexo com Nome completo, Turma.

Bom Trabalho!

Para RI Turmas MA8 e NA8. S. Milgram. Estudo sobre a Obediência

outubro 2, 2014

Um estudo clássico sobre obediência e comportamento social. Para auxiliar a leitura do texto “Modernidade e Holocausto” do Bauman.

http://www.slideshare.net/felixruizsanchez/behavioral-study-of-obedience-by-s-milgram-39816901

  • Behavioral Study of Obedience By STANLEY MILGRAM YALE UNIVERSITY This article describes a procedure for the study of destructive obedience in the laboratory. It consists ordering a naive S to administer increasingly more severe punishment to a victim in the context experiment. Punishment is administered by means of a shock generator with 30 graded switches from Slight Shock to Danger: Severe Shock. The victim is a confederate of the E. The primary dependent variable is the maximum shock the S is willing to administer before he refuses to continue further. obeyed the experimental commands fully, and administered the highest shock on the generator. off the experiment at some point after the victim protested and refused to provide further answers. procedure created extreme levels of nervous tension in some Ss. Profuse sweating, trembling, and were typical expressions of this emotional disturbance. One unexpected sign of tension–yet to be was the regular occurrence of nervous laughter, which in some Ss developed into uncontrollable The variety of interesting behavioral dynamics observed in the experiment, the reality of the situation S, and the possibility of parametric variation within the framework of the procedure, point to the further study. Obedience is as basic an element in the structure of social life as one can point to. Some system is a requirement of all communal living, and it is only the man dwelling in isolation who is not forced respond, through defiance or submission, to the commands of others. Obedience, as a determinant behavior, is of particular relevance to our time. It has been reliably established that from 1933—innocent persons were systematically slaughtered on command. Gas chambers were built, death were guarded; daily quotas of corpses were produced with the same efficiency as the manufacture appliances. These inhumane policies may have originated in the mind of a single person, but they be carried out on a massive scale if a very large number of persons obeyed orders. Obedience is the psychological mechanism that links individual action to political purpose. It is the dispositional cement that binds men to systems of authority. Facts of recent history and observation life suggest that for many persons obedience may be a deeply ingrained behavior tendency, indeed prepotent impulse overriding training in ethics, sympathy, and moral conduct. C. P. Snow (1961) importance when he writes: When you think of the long and gloomy history of man, you will find more hideous crimes have been committed in the name of obedience than have ever been committed in the name of rebellion. If that, read William Shirer’s “Rise and Fall of the Third Reich.” The German Officer Corps were brought the most rigorous code of obedience . . . in the name of obedience they were party to, and assisted most wicked large scale actions in the history of the world [p. 24]. While the particular form of obedience dealt with in the present study has its antecedents in these it must not be thought all obedience entails acts of aggression against others. Obedience serves productive functions. Indeed, the very life of society is predicated on its existence. Obedience may ennobling and educative and refer to acts of charity and kindness as well as to destruction. General Procedure A procedure was devised which seems useful as a tool for studying obedience (Milgram, 1961).
  • ordering a naive subject to administer electric shock to a victim. A simulated shock generator is 30 clearly marked voltage levels that range from 15 to 450 volts. The instrument bears verbal designations that range from Slight Shock to Danger: Severe Shock. The responses of the victim, who is a trained confederate of the experimenter, are standardized. The orders to administer shocks are given to subject in the context of a “learning experiment” ostensibly set up to study the effects of punishment memory. As the experiment proceeds the naive subject is commanded to administer increasingly intense shocks to the victim, even to the point of reaching the level marked Danger: Severe Shock. resistances become stronger, and at a certain point the subject refuses to go on with the experiment. Behavior prior to this rupture is considered “obedience,” in that the subject complies with the commands the experimenter. The point of rupture is the act of disobedience. A quantitative value is assigned subject’s performance based on the maximum intensity shock he is willing to administer before he participate further. Thus for any particular subject and for any particular experimental condition the obedience may be specified with a numerical value. The crux of the study is to systematically vary factors believed to alter the degree of obedience to the experimental commands. The technique allows important variables to be manipulated at several points in the experiment. vary aspects of the source of command, content and form of command, instrumentalities for its execution, target object, general social setting, etc. The problem, therefore, is not one of designing increasingly numerous experimental conditions, but of selecting those that best illuminate the process of obedience the sociopsychological standpoint. TABLE 1 Distribution of Age and Occupational Types in the Experiment OCCUPATIONS 20—29 years n 30—39 years n 40—50 years n PERCENTAGE OF (OCCUPATIONS) Workers, skilled, and unskilled 4 5 6 37.5 Sales, business, and white-collar 3 6 7 40.0 Professional 1 5 3 22.5 Percentage of total (Age) 20 40 40 Note.–Total N540. Related Studies The inquiry bears an important relation to philosophic analyses of obedience and authority (Arendt, Friedrich, 1958; Weber, 1947), an early experimental study of obedience by Frank (1944), studies “authoritarianism” (Adorno, Frenkel-Brunswik, Levinson, & Sanford, 1950; Rokeach, 1961), and series of analytic and empirical studies in social power (Cartwright, 1959). It owes much to the long with suggestion in social psychology, both in its normal forms (e.g., Binet, 1900) and in its clinical manifestations (Charcot, 1881). But it derives, in the first instance, from direct observation of a social the individual who is commanded by a legitimate authority ordinarily obeys. Obedience comes easily often. It is a ubiquitous and indispensable feature of social life.
  • Method SUBJECTS The subjects were 40 males between the ages of 20 and 50, drawn from New Haven and the surrounding communities. Subjects were obtained by a newspaper advertisement and direct mail solicitation. responded to the appeal believed they were to participate in a study of memory and learning at University. A wide range of occupations is represented in the sample. Typical subjects were postal high school teachers, salesmen, engineers, and laborers. Subjects ranged in educational level from had not finished elementary school, to those who had doctorate and other professional degrees. paid $4.50 for their participation in the experiment. However, subjects were told that payment was coming to the laboratory, and that the money was theirs no matter what happened after they arrived. shows the proportion of age and occupational types assigned to the experimental condition. PERSONNEL AND LOCALE The experiment was conducted on the grounds of Yale University in the elegant interaction laboratory. detail is relevant to the perceived legitimacy of the experiment. In further variations, the experiment dissociated from the university, with consequences for performance.) The role of experimenter was by a 31-year-old high school teacher of biology. His manner was impassive, and his appearance stern throughout the experiment. He was dressed in a gray technician’s coat. The victim was played year-old accountant, trained for the role; he was of Irish-American stock, whom most observers and likable. PROCEDURE One naive subject and one victim (an accomplice) performed in each experiment. A pretext had devised that would justify the administration of electric shock by the naive subject. This was effectively accomplished by the cover story. After a general introduction on the presumed relation between and learning, subjects were told: But actually, we know very little about the effect of punishment on learning, because almost no truly studies have been made of it in human beings. For instance, we don’t know how much punishment is best for learning–and we don’t know how difference it makes as to who is giving the punishment, whether an adult learns best from a younger older person than himself–or many things of that sort. So in this study we are bringing together a number of adults of different occupations and ages. And asking some of them to be teachers and some of them to be learners. We want to find out just what effect different people have on each other as teachers and learners, what effect punishment will have on learning in this situation. Therefore, I’m going to ask one of you to be the teacher here tonight and the other one to be the Does either of you have a preference? Subjects then drew slips of paper from a hat to determine who would be the teacher and who would learner in the experiment. The drawing was rigged so that the naive subject was always the teacher accomplice always the learner. (Both slips contained the word “Teacher.”) Immediately after the View slide
  • teacher and learner were taken to an adjacent room and the learner was strapped into an “electric apparatus. The experimenter explained that the straps were to prevent excessive movement while the learner being shocked. The effect was to make it impossible for him to escape from the situation. An electrode attached to the learner’s wrist, and electrode paste was applied “to avoid blisters and burns.” Subjects told that the electrode was attached to the shock generator in the adjoining room. In order to improve credibility the experimenter declared, in response to a question by the learner: the shocks can be extremely painful, they cause no permanent tissue damage.” Learning Task The lesson administered by the subject was a paired-associate learning task. The read a series of word pairs to the learner, and then read the first word of the pair along with four learner was to indicate which of the four terms had originally been paired with the first word. He communicated his answer by pressing one of four switches in front of him, which in turn lit up one numbered quadrants in an answer-box located atop the shock generator. Shock Generator The instrument panel consists of 30 lever switches set in a horizontal line. Each clearly labeled with a voltage designation that ranges from 15 to 450 volts. There is a 15-volt increment one switch to the next going from left to right. In addition, the following verbal designations are clearly indicated for groups of four switches going from left to right: Slight Shock, Moderate Shock, Strong Very Strong Shock, Intense Shock, Extreme Intensity Shock, Danger: Severe Shock. (Two switches this last designation are simply marked XXX.) Upon depressing a switch: a pilot light corresponding to each switch is illuminated in bright red; buzzing is heard; an electric blue light, labeled “voltage energizer,” flashes; the dial on the voltage swings to the right; various relay clicks are sounded. The upper left-hand corner of the generator is labeled Shock Generator, Type ZLB, Dyson Instrument Company, Waltham, Mass. Output 15 Volts—450 Volts. Details of the instrument were carefully handled to insure an appearance of authenticity. The panel engraved by precision industrial engravers, and all components were of high quality. No subject experiment suspected that the instrument was merely a simulated shock generator.1 Sample Shock Each naive subject is given a sample shock on the shock generator, prior to beginning run as teacher. This shock is always 45 volts, and is applied by pressing the third switch of the generator. The shock is applied to the wrist of the naive subject, and has its source in a 45-volt battery wired generator. This further convinces the subject of the authenticity of the generator. Shock Instructions The subject is told to administer a shock to the learner each time he gives response. Moreover–and this is the key command–the subject is instructed to “move one level higher shock generator each time the learner flashes a wrong answer.” He is also instructed to announce voltage level before administering a shock. This serves to continually remind subjects of the increasing intensity of shocks administered to the learner. Preliminary and Regular Run Pretests revealed that the procedure of reading words and administering shocks requires some practice before it can be handled smoothly. Therefore, immediately preceding regular run, the teacher is given a preliminary series of 10 words to read to the learner. There are words in the practice series (i.e., words that the learner answers correctly), so that shocks are administered for 7 of the words, with the maximum shock at 105 volts (moderate shock). Almost all subjects master View slide
  • procedure by the time the preliminary run is over. Subjects are then presented with a second list, and are told that the procedure is the same as for list; the experimenter adds, however: When you get to the bottom of the list, repeat it over again, and continue giving shocks, until the learned all the pairs correctly. The experimenter instructs the subject to, start from 15 volts and increase the shock level one step each time the learner gives a wrong answer. Feedback from the Victim In all conditions the learner gives a predetermined set of responses pair test, based on a schedule of approximately three wrong answers to one correct answer. In the experimental condition no vocal response or other sign of protest is heard from the learner until 300 is reached. When the 300-volt shock is administered, the learner pounds on the wall of the which he is bound to the electric chair. The pounding can be heard by the subject. From this point learner’s answers no longer appear on the four-way panel. At this juncture, subjects ordinarily turn to the experimenter for guidance. The experimenter instructs subject to treat the absence of a response as a wrong answer, and to shock the subject according usual schedule. He advises the subjects to allow 5—10 seconds before considering no response answer, and to increase the shock level one step each time the learner fails to respond correctly. learner’s pounding is repeated after the 315-volt shock is administered; afterwards he is not heard do his answers reappear on the four-way signal box. Experimenter Feedback At various points in the experiment the subject may turn to the experimenter advice on whether he should continue to administer shocks. Or he may indicate that he does not on. It was important to standardize the experimenter’s responses to these inquiries and reactions. If the subject indicated his unwillingness to go on, the experimenter responded with a sequence using as many as necessary to bring the subject into line. Prod 1: Please continue. or Please go on. Prod 2: The experiment requires that you continue. Prod 3: It is absolutely essential that you continue. Prod 4: You have no other choice, you must go on. The prods were always made in sequence: Only if Prod 1 had been unsuccessful, could Prod 2 the subject refused to obey the experimenter after Prod 4, the experiment was terminated. The experimenter’s tone of voice was at all times firm, but not impolite. The sequence was begun anew occasion that the subject balked or showed reluctance to follow orders. Special prods. If the subject asked if the learner was liable to suffer permanent physical injury, the experimenter said: Although the shocks may be painful, there is no permanent tissue damage, so please go on. [Followed Prods 2, 3, and 4 if necessary.]
  • If the subject said that the learner did not want to go on, the experimenter replied: Whether the learner likes it or not, you must go on until he has learned all the word pairs correctly. go on. [Followed by Prods 2, 3, and 4 if necessary.] DEPENDENT MEASURES The primary dependent measure for any subject is the maximum shock he administers before he go any further. In principle this may vary from 0 (for a subject who refuses to administer even the to 30 (for a subject who administers the highest shock on the generator). A subject who breaks experiment at any point prior to administering the thirtieth shock level is termed a defiant subject. complies with experimental commands fully, and proceeds to administer all shock levels commanded, termed an obedient subject. Further Records With few exceptions, experimental sessions were recorded on magnetic tape. photographs were taken through one-way mirrors. Notes were kept on any unusual behavior occurring during the course of the experiments. On occasion, additional observers were directed to write objective descriptions of the subjects’ behavior. The latency and duration of shocks were measured by accurate devices. Interview and Dehoax Following the experiment, subjects were interviewed; open-ended questions, projective measures, and attitude scales were employed. After the interview, procedures were undertaken assure that the subject would leave the laboratory in a state of well being. A friendly reconciliation arranged between the subject and the victim, and an effort was made to reduce any tensions that result of the experiment. Results PRELIMINARY NOTIONS Before giving an account of the experimental results, it is instructive to consider how persons predict will perform when commanded to administer powerful shocks to another person. Fourteen Yale psychology majors, were provided with a detailed description of the experimental situation. They to reflect carefully on it, and to predict the behavior of 100 hypothetical subjects. More specifically, instructed to plot the distribution of obedience of “100 Americans of diverse occupations, and ranging from 20 to 50 years,” who were placed in the experimental situation. There was considerable agreement among the respondents on the expected behavior of hypothetical subjects. All respondents predicted that only an insignificant minority would go through to the end shock series. (The estimates ranged from 0 to 3%; i.e., the most “pessimistic” member of the class that of 100 persons, 3 would continue through to the most potent shock available on the shock generator– 450 volts.) The class mean was 1.2%. The question was also posed informally to colleagues of and the most general feeling was that few if any subjects would go beyond the designation Very Shock. RESULT OF EXPERIMENT I Subjects Accept Situation With few exceptions subjects were convinced of the reality of the experimental situation, that they were administering shocks to another person, and the most potent shocks were extremely painful. In the post-experimental interview subjects were asked: “How painful to the learner
  • the last few shocks that you administered to him?” Subjects were instructed to indicate their answers printed 14-point scale ranging from “Not at all painful” to “Extremely painful.” The modal response (Extremely painful) with the mean at 13.42. Signs of Extreme Tension Many subjects showed signs of nervousness in the experimental situation, especially upon administering the more powerful shocks. In a large number of cases the degree reached extremes that are rarely seen in sociopsychological laboratory studies. Subjects were observed sweat, tremble, stutter, bite their lips, groan, and dig their fingernails into their flesh. These were characteristic rather than exceptional responses to the experiment. One sign of tension was the regular occurrence of nervous laughing fits. Fourteen of the 40 subjects definite signs of nervous laughter and smiling. The laughter seemed entirely out of place, even bizarre. uncontrollable seizures were observed for 3 subjects. On one occasion we observed a seizure violently convulsive that it was necessary to call a halt to the experiment. The subject, a 46-year-encyclopedia salesman, was seriously embarrassed by his untoward and uncontrollable behavior. post-experimental interviews subjects took pains to point out that they were not sadistic types, and laughter did not mean they enjoyed shocking the victim. Distribution of Scores It had been conjectured that persons would not, in general, agree to administer shocks beyond the level designated as Very Strong Shock. The distribution of maximum shocks experiment is shown in Table 2. The obtained distribution of scores deviates radically from the prediction. TABLE 2 Distribution of Breakoff Points VERBAL DESIGNATION AND VOLTAGE INDICATION NUMBER OF SUBJECTS FOR WHOM WAS MAXIMUM SHOCK Slight Shock 15 0 30 0 45 0 60 0 Moderate Shock 75 0 90 0 105 0 120 0 Strong Shock 135 0 150 0 165 0 180 0 Very Strong Shock
  • 195 0 210 0 225 0 240 0 Intense Shock 255 0 270 0 285 0 300 5 Extreme Intensity Shock 315 4 330 2 345 1 360 1 Danger: Severe Shock 375 1 390 0 405 0 420 0 XXX 435 0 450 26 Upon command of the experimenter, each of the 40 subjects went beyond the expected break-off subject stopped prior to administering Shock Level 20. (At this level–300 volts–the victim kicks on and no longer provides answers to the teacher’s multiple-choice questions.) Of the 40 subjects, 5 refused to obey the experimental commands beyond the 300-volt level. Four subjects administered one further shock, and then refused to go on. Two broke off at the 330-volt 1 each at 345, 360, and 375 volts. Thus a total of 14 subjects defied the experimenter. It is instructive reprint their remarks at the point of definance, as transcribed from the tape recordings: [0124] I think he’s trying to communicate, he’s knocking. . . . Well it’s not fair to shock the guy . . terrific volts. I don’t think this is very humane. . . . Oh, I can’t go on with this; no, this isn’t right. It’s an experiment. The guy is suffering in there. No, I don’t want to go on. This is crazy. [Subject refused administer more shocks.] [0123] He’s banging in there. I’m gonna chicken out. I’d like to continue, but I can’t do that to a man. sorry I can’t do that to a man. I’ll hurt his heart. You take your check. . . . No really, I couldn’t do These subjects were frequently in a highly agitated and even angered state. Sometimes, verbal at a minimum, and the subject simply got up from his chair in front of the shock generator, and indicated
  • he wished to leave the laboratory. Of the 40 subjects, 26 obeyed the orders of the experimenter to the end, proceeding to punish the until they reached the most potent shock available on the shock generator. At that point, the experimenter called a halt to the session. (The maximum shock is labeled 450 volts, and is two steps beyond designation: Danger: Severe Shock.) Although obedient subjects continued to administer shocks, did so under extreme stress. Some expressed reluctance to administer shocks beyond the 300-and displayed fears similar to those who defied the experimenter; yet they obeyed. After the maximum shocks had been delivered, and the experimenter called a halt to the proceedings, obedient subjects heaved sighs of relief, mopped their brows, rubbed their fingers over their eyes, nervously fumbled cigarettes. Some shook their heads, apparently in regret. Some subjects had calm throughout the experiment, and displayed only minimal signs of tension from beginning to Discussion The experiment yielded two findings that were surprising. The first finding concerns the sheer strength obedient tendencies manifested in this situation. Subjects have learned from childhood that it is fundamental breach of moral conduct to hurt another person against his will. Yet, 26 subjects abandon tenet in following the instructions of an authority who has no special powers to enforce his commands. disobey would bring no material loss to the subject; no punishment would ensue. It is clear from and outward behavior of many participants that in punishing the victim they are often acting against values. Subjects often expressed deep disapproval of shocking a man in the face of his objections, others denounced it as stupid and senseless. Yet the majority complied with the experimental commands. This outcome was surprising from two perspectives: first, from the standpoint of predictions made questionnaire described earlier. (Here, however, it is possible that the remoteness of the respondents the actual situation, and the difficulty of conveying to them the concrete details of the experiment, account for the serious underestimation of obedience.) But the results were also unexpected to persons who observed the experiment in progress, through mirrors. Observers often uttered expressions of disbelief upon seeing a subject administer more shocks to the victim. These persons had a full acquaintance with the details of the situation, and systematically underestimated the amount of obedience that subjects would display. The second unanticipated effect was the extraordinary tension generated by the procedures. One suppose that a subject would simply break off or continue as his conscience dictated. Yet, this is from what happened. There were striking reactions of tension and emotional strain. One observer I observed a mature and initially poised businessman enter the laboratory smiling and confident. minutes he was reduced to a twitching, stuttering wreck, who was rapidly approaching a point of collapse. He constantly pulled on his earlobe, and twisted his hands. At one point he pushed his forehead and muttered: “Oh God, let’s stop it.” And yet he continued to respond to every word of experimenter, and obeyed to the end. Any understanding of the phenomenon of obedience must rest on an analysis of the particular conditions which it occurs. The following features of the experiment go some distance in explaining the high obedience observed in the situation. 1. The experiment is sponsored by and takes place on the grounds of an institution of unimpeachable reputation, Yale University. It may be reasonably presumed that the personnel are competent and
  • The importance of this background authority is now being studied by conducting a series of experiments outside of New Haven, and without any visible ties to the university. 2. The experiment is, on the face of it, designed to attain a worthy purpose–advancement of knowledge about learning and memory. Obedience occurs not as an end in itself, but as an instrumental element situation that the subject construes as significant, and meaningful. He may not be able to see its significance, but he may properly assume that the experimenter does. 3. The subject perceives that the victim has voluntarily submitted to the authority system of the experimenter. He is not (at first) an unwilling captive impressed for involuntary service. He has taken the trouble the laboratory presumably to aid the experimental research. That he later becomes an involuntary does not alter the fact that, initially, he consented to participate without qualification. Thus he has degree incurred an obligation toward the experimenter. 4. The subject, too, has entered the experiment voluntarily, and perceives himself under obligation experimenter. He has made a commitment, and to disrupt the experiment is a repudiation of this promise of aid. 5. Certain features of the procedure strengthen the subject’s sense of obligation to the experimenter. one, he has been paid for coming to the laboratory. In part this is canceled out by the experimenter’s statement that: Of course, as in all experiments, the money is yours simply for coming to the laboratory. From this no matter what happens, the money is yours.2 6. From the subject’s standpoint, the fact that he is the teacher and the other man the learner is chance consequence (it is determined by drawing lots) and he, the subject, ran the same risk as man in being assigned the role of learner. Since the assignment of positions in the experiment was by fair means, the learner is deprived of any basis of complaint on this count. (A similar situation Army units, in which–in the absence of volunteers–a particularly dangerous mission may be assigned drawing lots, and the unlucky soldier is expected to bear his misfortune with sportsmanship.) 7. There is, at best, ambiguity with regard to the prerogatives of a psychologist and the corresponding of his subject. There is a vagueness of expectation concerning what a psychologist may require subject, and when he is overstepping acceptable limits. Moreover, the experiment occurs in a closed and thus provides no opportunity for the subject to remove these ambiguities by discussion with There are few standards that seem directly applicable to the situation, which is a novel one for most subjects. 8. The subjects are assured that the shocks administered to the subject are “painful but not dangerous.” Thus they assume that the discomfort caused the victim is momentary, while the scientific gains from the experiment are enduring. 9. Through Shock Level 20 the victim continues to provide answers on the signal box. The subject construe this as a sign that the victim is still willing to “play the game.” It is only after Shock Level victim repudiates the rules completely, refusing to answer further. These features help to explain the high amount of obedience obtained in this experiment. Many arguments raised need not remain matters of speculation, but can be reduced to testable propositions confirmed or disproved by further experiments.3
  • The following features of the experiment concern the nature of the conflict which the subject faces. 10. The subject is placed in a position in which he must respond to the competing demands of two the experimenter and the victim. The conflict must be resolved by meeting the demands of one or satisfaction of the victim and the experimenter are mutually exclusive. Moreover, the resolution must form of a highly visible action, that of continuing to shock the victim or breaking off the experiment. subject is forced into a public conflict that does not permit any completely satisfactory solution. 11. While the demands of the experimenter carry the weight of scientific authority, the demands spring from his personal experience of pain and suffering. The two claims need not be regarded pressing and legitimate. The experimenter seeks an abstract scientific datum; the victim cries out from physical suffering caused by the subject’s actions. 12. The experiment gives the subject little time for reflection. The conflict comes on rapidly. It is after the subject has been seated before the shock generator that the victim begins his protests. the subject perceives that he has gone through but two-thirds of the shock levels at the time the first protests are heard. Thus he understands that the conflict will have a persistent aspect to it, become more intense as increasingly more powerful shocks are required. The rapidity with which descends on the subject, and his realization that it is predictably recurrent may well be sources him. 13. At a more general level, the conflict stems from the opposition of two deeply ingrained behavior dispositions: first, the disposition not to harm other people, and second, the tendency to obey those we perceive to be legitimate authorities. Notes 1A related technique, making use of a shock generator, was reported by Buss (1961) for the study aggression in the laboratory. Despite the considerable similarity of technical detail in the experimental procedures, both investigators proceeded in ignorance of the other’s work. Milgram provided plans photographs of his shock generator, experimental procedure, and first results in a report to the National Science Foundation in January 1961. This report received only limited circulation. Buss reported procedure 6 months later, but to a wider audience. Subsequently, technical information and reports exchanged. The present article was first received in the Editor’s office on December 27, 1961; it resubmitted with deletions on July 27, 1962. 2Forty-three subjects, undergraduates at Yale University, were run in the experiment without payment. results are very similar to those obtained with paid subjects. 3A series of recently completed experiments employing the obedience paradigm is reported in Milgram (1964). References 1. Adorno, T., Frenkel-Brunswik, Else, Levinson, D. J., & Sanford, R. N. The authoritarian personality. York: Harper, 1950. 2. Arendt, H. What was authority? In C. J. Friedrich (Ed.), Authority. Cambridge: Harvard Univer. 1958. Pp. 81—112.
  • 3. Binet, A. La suggestibilité. Paris: Schleicher, 1900. 4. Buss, A. H. The psychology of aggression. New York: Wiley, 1961. 5. Cartwright, S. (Ed.) Studies in social power. Ann Arbor: University of Michigan Institute for Social Research, 1959. 6. Charcot, J. M. Oeuvres complètes. Paris: Bureaux du Progrès Médical, 1881. 7. Frank, J. D. Experimental studies of personal pressure and resistance. J. gen. Psychol., 1944, 64. 8. Friedrich, C. J. (Ed.) Authority. Cambridge: Harvard Univer. Press, 1958. 9. Milgram, S. Dynamics of obedience. Washington: National Science Foundation, 25 January 1961. (Mimeo) 10 Milgram, S. Some conditions of obedience and disobedience to authority. Hum. Relat., 1964, 11. Rokeach, M. Authority, authoritarianism, and conformity. In I. A. Berg & B. M. Bass (Eds.), Conformity and deviation. New York: Harper, 1961. Pp. 230—257. 12. Snow, C. P. Either-or. Progressive, 1961 (Feb.), 24. 13. Weber, M. The theory of social and economic organization. Oxford: Oxford Univer. Press, 1947. Questions for Reflection and Discussion: Note that several of the questions are similar to those asked in conjunction with Solomon Asch’s “Opinions and Social Pressure.” 1. Do you see subjects’ willingness to administer shock in the Milgram study as the behavioral or equivalent of the Nazis’ extermination of people in the death camps? Why or why not? 2. Milgram’s methods made the subjects extremely uncomfortable. Do you believe that his research ethical? Why or why not? 3. Milgram undertook his research in the late 1950s and early 1960s, before Ethics Review Committees were established. These committees weigh the value of proposed research against its potential were proposing the research to such a committee, what arguments could you make in its favor? a member of such a committee, what arguments might you make to block the research? 4. Can you think of a way in which Milgram’s research might have been conducted without deceiving subjects? 5. Milgram “debriefed” subjects after they participated in the study. That is, he explained that they really shock anyone. Debriefing is intended to protect subjects from harm. If you had participated study, which would you have found more stressful: belief that you had or had not shocked anyone? 6. How do you believe that you would have behaved if you had been a subject in Milgram’s study? you have obeyed the experimenter or refused to do so? Are you sure?
  • 7. Why is Milgram’s research considered so important in the history of psychology? Is it as important Why or why not? 8. What do you see as the message of Milgram’s study? Source Milgram, S. (1963). Behavioral study of obedience. Journal of Abnormal and Social Psychology, 378. Permission granted by Alexandra Milgram. Return to index.

RI MA8 e NA8. Sobre “Mercadores da Dúvida”

outubro 1, 2014

Uma leitura recomendada para a aula.

RI MA8 e NA8: “Arquitetura da Destruição” de Peter Cohen (1992)

setembro 25, 2014

Não deixem de assistir. É incrível!