AUTOCOMUNICACION DE MASAS Y MOVIMIENTOS SOCIALES EN LA ERA DE INTERNET por MANUEL CASTELLS

La transformación social resulta de una acción, individual o colectiva, que en su raíz está motivada emocionalmente, como toda conducta humana. Entre las seis emociones básicas que ha detectado la investigación neurocientífica, la teoría de la inteligencia emocional aplicada a la comunicación política nos dice que el miedo, la más potente de las emociones negativas, tiene un efecto paralizante, mientras que la indignación conduce a la acción. La indignación se acrecienta con la percepción de la injusticia de una acción y con la identificación de la fuente de la injusticia. En cambio, el miedo suscita ansiedad que está asociada con evitar el riesgo. El miedo se supera mediante el acto de compartir con otros un sentimiento y juntarse en una comunidad de proyecto a través de una práctica comunicativa interna y externa. Cuando esto sucede, la indignación se sitúa en primer plano y es posible para el actor el asumir un riesgo. Lo cual conduce a la aparición de la más potente emoción positiva: el entusiasmo, que empodera a los actores individuales hasta hacerlos actor colectivo. Individuos conectados en red, que han superado el miedo y están movidos por su entusiasmo, se convierten en un actor colectivo consciente. Por consiguiente, el proceso de cambio social surge de una acción comunicativa que permite la conexión entre las redes neuronales de distintos seres humanos mediante las señales que les llegan de su entorno comunicativo a través de redes de comunicación social. De modo que la morfología y la tecnología de estas redes sociales de comunicación modela el proceso de comunicación y por tanto el cambio social. A la vez el proceso mismo y sus orientaciones y efectos últimos.
En las últimas dos décadas se ha producido una transformación revolucionaria de la tecnología, morfología y organización de la comunicación socializada, aquella que tiene el potencial de incluir en su proceso al conjunto de la sociedad. Dicha transformación puede definirse como el paso de la comunicación de masas a la auto-comunicación de masas. La comunicación de masas, ejemplificada por la televisión, se define por un sistema en que un mensaje unidireccional, con escasa interactividad, se emite de uno para muchos, usualmente en tiempos programados y sin contexto reflexivo. En la auto-comunicación de masas, ejemplificada por internet y las redes móviles, el sistema de mensajes es múltiple, de muchos a muchos, multimodal, con la posibilidad de continua referencia a un repositorio hipertextual de contenidos, en tiempo libremente escogido y con interactividad como norma: los sujetos pueden construir sus propias redes de comunicación, es decir: auto-comunicar. La difusión de la auto-comunicación de masas en el conjunto toda la sociedad ha creado la plataforma para la construcción de la autonomía comunicativa de las personas. Y la autonomía comunicativa es la base de la autonomía organizativa, cultural y política con respecto a las instituciones dominantes de la sociedad.
La transformación de la comunicación ha ampliado las posibilidades de acción autónoma de los movimientos sociales, los sujetos de la transformación social. Desde 2010 han surgido en múltiples países movimientos sociales que, nacidos de la indignación ciudadana, han convertido la protesta en proyecto y la resignación en esperanza de un mundo mejor. Aun desarrollándose en contextos muy diferentes, muchas de sus características son similares. Si Islandia, los países árabes, España, Grecia, Italia, Portugal, Israel y Estados Unidos han vivido (y aún viven) movimientos semejantes podríamos pensar que estamos presenciando la aparición de nuevas formas de organización y movilización social representativas de la cultura y la tecnología de nuestro tiempo. Este artículo intenta sintetizar algunas de estas características comunes y situarlas en el marco más amplio de la transformación de la comunicación y de su impacto en los procesos socio-políticos.
¿En qué se parecen los movimientos sociales de ocupaciones en red? Sobre la base de la investigación empírica comparada que he llevado a cabo sobre los recientes movimientos sociales en los países árabes, España y Estados Unidos, sugiero que comparten las siguientes características definitorias:
 Son movimientos espontáneos e instantáneos que se inician como resultado de una explosión de la indignación subyacente en la sociedad, que es activada por una llamada a la acción mediante Internet. Naturalmente en todos los casos hay antecedentes de luchas y protestas sociales que conducen a grupos y personas muy diversas a participar en la protesta. Pero no hay organización previa del movimiento, tan solo una expresión genérica de un deseo de movilización contra la injusticia. Activistas que estaban al frente de la lucha social se sitúan de nuevo en las primeras filas del movimiento, pero el movimiento como tal es mucho más amplio que lo vivido anteriormente cuando estos activistas no habían conseguido un apoyo social mayoritario.
 Los movimientos se generan siempre en una primera instancia desde Internet, desde blogs o redes sociales como Facebook o Tumblr, apoyados en You Tube, y se difunden mediante redes sociales como Twitter y mediante sms a través de móviles, que son instrumentos esenciales de la activacion y mantenimiento del movimiento, así como instrumentos de registro visual ubicuo y distribución viral de imágenes.
 La comunicación del movimiento es multimodal, con especial importancia de las imágenes, sobre todo las que se generan desde el propio movimiento y las que conectan distintas experiencias de distintos movimientos. En particular, las imágenes de la violencia del sistema son generadoras de solidaridad y reforzadoras de movilización indignada. Sirven también como protección contra la represión desbocada que llevan a cabo las policías de todo el mundo.
 Las redes de Internet y comunicación móvil sobre las que se construye el movimiento son horizontales y selectivas, siguiendo las redes en las que cada una está inmersa, de modo que inducen confianza y solidaridad entre iguales.
 Las redes movilizadoras desintermedian los liderazgos formales, de los que pocos se fían en estos movimientos, y por tanto estimulan la cooperación y la reciprocidad entre las personas participantes.
 Son movimientos expansivos, que se difunden viralmente y a gran velocidad, siguiendo la viralidad característica de las redes en Internet. Son movimientos sin centro y sin puestos de mando y control y por consiguiente son extremadamente difíciles de controlar tecnológica y organizativamente. Son movimientos rizomáticos, es decir que tienen conexiones entre múltiples nodos, surgen en puntos imprevisibles y cuando un nodo es cercenado se vuelve a reproducir. La represión de estos movimientos, pensada en términos de policía y política tradicionales, aunque violenta y dolorosa para quienes la sufren, es poco eficaz en lo que se refiere a la vida del movimiento en las redes. Incluso intentos de apagar Internet y las redes móviles, tal y como se hizo en Egipto, no son realmente eficaces por la solidaridad de múltiples redes globales de hackers que mantienen viva la comunicación en red en cualquier punto y en cualquier circunstancia. La actividad de redes como TOR, Telecomix o Anonymous es esencial hoy día para mantener la autonomía comunicativa local y global sobre la que se basan estos movimientos.
 La mayoría de los movimientos alcanzan una amplia legitimidad social en términos de la justicia de su protesta. La opinión publica en todos los países encuestados señala su acuerdo con las criticas del movimiento, en particular en lo referente a la falta de democracia real, a la corrupción de los partidos políticos y a la colusión entre la industria financiera, especulativa y explotadora y el sistema político a su servicio. Según una encuesta global conducida por Ipsos Online Panel System para Reuters en Noviembre 2011, entre las personas que toman una posición sobre los movimientos de indignación y ocupación (la mitad de la muestra) una tercera parte se muestra favorable mientras que solo una decima parte se opone. En los países estudiados por mí (Islandia, países árabes, España y Estados Unidos), más del 50% están de acuerdo con las críticas y demandas del movimiento y han mantenido su apoyo durante todo el 2011. Sin embargo, solo un tercio se muestra conforme con la ocupación temporal del espacio público.
 Son movimientos no violentos hasta que alcanzan los límites de la represión con tanques, como en Siria, e incluso entonces son mayoritariamente no violentos. La cuestión de la violencia es constantemente debatida dentro del movimiento y el sentimiento claramente mayoritario es el rechazo a la violencia, por su carácter tóxico para el cambio social, incluso en casos de ataques violentos por parte de las instituciones. Una vez que los movimientos alcanzan un amplio consenso social, cualquier acto de violencia por parte de la política refuerza el movimiento. Simétricamente, imágenes de violencia por parte de una minoría en el movimiento, tales como el black block, generan rechazo social y dan argumentos para la represión policial
 Son movimientos locales y globales al mismo tiempo. Tienen raíces nacionales y locales y se alimentan de fuentes propias de indignación. Pero al mismo tiempo, están en permanente conexión por Internet y frecuentemente mediante desplazamientos personales a reuniones de coordinación e información. Y sitúan su protesta en el contexto de la dominación de un sistema financiero global caracterizado por la rapacidad y la injusticia. Además, en varias ocasiones, como en el día de acción global del 15 de octubre del 2011, las acciones se coordinan. Los movimientos se refieren los unos a los otros y se difunden por efecto de demostración. En España y en Grecia la referencia a Islandia y a las revoluciones árabes fue constante. En el llamamiento de Adbuster, la revista de Vancouver que convoco en primer lugar a la ocupación de Wall Street el 17 de septiembre, se cita a Egipto y al 15-M español como las experiencias que marcan el camino a seguir. Hay una conciencia colectiva global de estar en la misma lucha, pero anclada en críticas y reivindicaciones especificas de cada país y de cada localidad.
 En todos los casos son movimientos que nacen en Internet pero que convocan de inmediato a la ocupación del espacio público, preferentemente en un lugar simbólico en la ciudad. En España hubo unas ciento cincuenta ocupaciones, en Estados Unidos más de novecientas. El espacio ocupado se convierte en comunidad y en experimento de democracia y vida alternativas, buscando formas que prefiguren una futura democracia real viviéndola en la práctica. La organización material de la vida cotidiana en el espacio ocupado es escuela de vida, a pesar de la dificultad de integrar plenamente a la diversidad de personas que viven la ocupación. La ocupación espacial permite afirmar la existencia del movimiento en desafío a las instituciones y, por su apertura, ofrece vías de participación allí donde no hay cauces legítimos, o sentidos como legítimos, para ejercerla.
 La conexión entre el espacio de los flujos en Internet y el espacio de los lugares en las ocupaciones es la característica central de todos los movimientos. Ese espacio híbrido de interacción entre redes y plazas es el nuevo espacio de autonomía construido por el movimiento. En cuanto se constituye una ocupación, la ocupación crea una web o un grupo propio en una red social. La protesta nace en la red, se difunde en la red, se materializa en el espacio público, se consolida en la comunicación multimodal en red que acompaña siempre al movimiento y se repliega en las redes de Internet cuando la represión hace difícil mantener la ocupación del territorio. Esperando sin embargo poder retomar la iniciativa en las calles y plazas, en las empresas y en los barrios, a partir del debate estratégico y la acumulación de fuerzas que tienen lugar en la red. Lo más importante en esta conexión entre ciber- espacio y espacio urbano es la formación de un espacio público multimodal y permanente en el que funciona la deliberación de la sociedad civil con autonomía con respecto a las instituciones, sesgadas, en la visión del movimiento, en favor de los intereses dominantes.
 Son movimientos profundamente auto-reflexivos, que constantemente conducen debates presenciales y en la red sobre los objetivos y acciones del movimiento, sobre proyectos alternativos de sociedad, sobre los problemas del mundo y de la persona, del empleo y de la cultura. El nivel cultural de estos movimientos es muy alto y se traduce en una autenticidad de busca de nuevas sendas de cambio político en ruptura con las tradicionales. Hay una clara conciencia de que son las prácticas de hoy las que determinan la sociedad del mañana. En este sentido es un movimiento auto-reflexivo basado en una práctica profunda de comunicación autónoma. De ahí la centralidad de Internet y las redes móviles en la práctica de los movimientos.
 Es característica general de estos movimientos la ausencia de liderazgo formal y el rechazo a reconocer a cualquiera que se auto-proclame líder o portavoz del movimiento. El poder de decisión está en las asambleas soberanas de cada ocupación y la puesta en práctica de las decisiones se hace en comisiones constituidas a partir de la participación voluntaria de personas en movimiento.
 Es también una característica generalizada el apartidismo de los movimientos. Pero son todos extremadamente políticos, aun manifestando una desconfianza total con respecto a las instituciones políticas, a los partidos (considerados no democráticos en distintos grados) y a los líderes de partidos y gobiernos. Los movimientos en general no toman posición sobre la participación en elecciones o preferencias políticas. Los movimientos actúan sobre las conciencias, esperando que en su momento esta transformación de la conciencia ciudadana consiga una apertura del sistema político a la sociedad. La relación con los sindicatos es mucho más variable. Hubo una conexión importante en Estados Unidos, Grecia o Túnez, mientras que la conexión fue mucho más tenue en España o en Portugal en el contexto de un gobierno socialista.
 En la mayoría de los casos no formalizan organización o liderazgo porque no se desarrollan en torno a programas u objetivos específicos que podrían romper el consenso en el que se basa el movimiento. De ahí la impaciencia de los políticos de izquierda tradicional con un movimiento que moviliza, que genera simpatía entre la población pero que no consigue resultados concretos en medio de una crisis que exige soluciones. De hecho, hay un debate interno en varios de los movimientos sobre la necesidad o no de definir programas específicos. En las revoluciones árabes hubo un objetivo claro: derrocar al dictador. Pero aun así, la convergencia programática tampoco se dio. La razón fundamental es que son movimientos que, por un lado, denuncian y se oponen a la injusticia en todas sus formas. Y por otro lado tratan de generar un proyecto de nueva política y de nueva sociedad, a través de un largo proceso de transformación de las mismas personas y de sus formas de relación. Son proceso, no producto. O como dicen algunos activistas en Estados Unidos: el producto es el proceso. Es la práctica de una nueva forma de hacer política lo que creará una nueva política. En el 15-M una de las declaraciones más populares fue “Vamos despacio porque vamos lejos”. Y además, porque hay que ir encontrando qué se quiere mientras se hace camino andando. Es decir: son movimientos sociales, no fuerzas políticas. Intentan transformar en profundidad los valores de la sociedad más que tomar el poder en una u otra forma. Reclaman representación y democracia y en este sentido proponen reformas, pero no se constituyen en partido ni en actor político directo porque eso fraccionaría y debilitaría al movimiento.
La constante auto-reflexividad del movimiento les ha llevado a todos, hacia finales del 2011, a un re-examen en profundidad de su práctica para acercarse al 99% que quieren representar en lugar de escapar en una deriva ideológica. En esa fase están en todas partes. Quienes piensan en la desaparición de los movimientos se equivocan. La autonomía social y política que les permite la red está generando un debate y suscitando propuestas que pronto tendrán expresión en acciones directas en distintos países y de diversas formas.
En cualquier caso, el surgimiento, desarrollo y continuidad de estos movimientos están directamente vinculados a Internet como plataforma de autonomía comunicativa y deliberativa conducente a la auto-organización del cambio social. El liderazgo existe, pero es compartido y distribuido. El liderazgo está en la red. Se conecta así con la venerable utopía de una revolución asamblearia conducente a una sociedad asamblearia, esta vez basada en la imbricación entre comunidades locales y comunidades virtuales. Pero las utopías no son pura fantasía. Son fuerza material cuando se encarnan en las mentes humanas. Todos los grandes movimientos políticos de la historia se han alimentado de utopías movilizadoras. Porque son las ideas, no los fusiles ni las maquinas, las que cambian el mundo. Pero para que las ideas actúen
dependen de un proceso de comunicación que está en plena transformación en nuestras sociedades y que aquí y ahora favorece la construcción de autonomía, en la raíz de la utopía asamblearia.
(*) Este artículo está parcialmente basado en los resultados de una investigación que serán presentados en un libro de próxima publicación: Networks of Outrage and Hope. Social Movements in the Internet Age Cambridge: Polity Press, 2012.

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