Analisis y Opinión. La herencia de Lugo o cómo recuperar la esperanza. por Anibal Orue y Felix Ruiz

El 20 de abril de 2008 fue no solamente una fiesta histórica para el país: ese día memorable, el pueblo paraguayo honró a tantas personas que contribuyeron para que esto sucediera que, hasta podríamos decir, los ha legitimado.

Fuente de Imagen: http://news.yahoo.com

La victoria de Fernando Lugo en abril de 2008, hizo renacer la esperanza de que es posible una transformación en Paraguay, que esos ideales del pasado y, todavía, del presente, finalmente se hicieran carne en esta “isla rodeada de tierra” y se inicien los cambios que todos soñamos. Y se iniciaron. Abril en Paraguay implicó la apertura de nuevos rumbos, nuevas posibilidades de tener esa patria por todos soñada. Pero, abril no nació espontáneamente, es heredera de la historia.

Abril y la historia

El 20 de abril de 2008 es heredera de la historia y de tantas pequeñas historias en Paraguay. De la revolución de 1904, que trae en sus alforjas la esperanza de un cambio radical en la política paraguaya: la irrupción de sectores jóvenes y de trabajadores en la milicia que se atrincheró en el cuartel general de Villeta junto a las tropas opositoras al entonces gobierno colorado del general Juan Escurra; abril es heredero de una generación que se incorporan al movimiento, asentando con este acto una oportunidad para transformar la mediocre, sectaria y clasista política seguida por los gobiernos posteriores a 1870. Traicionada al poco tiempo, los ideales de 1904 fueron recuperados y renacen, sin duda alguna, en abril de 2008.

Del movimiento del año 1928 que, con el manifiesto de la Liga Nacional Independiente sobre la Nación Paraguaya, apunta acerca de la necesidad de cambios radicales en la política, dominada en esos años por el Partido Liberal. Estos ideales, de jóvenes comprometidos con propuestas de reforma y revolución, si bien no llegaron a completarse totalmente en los años siguientes, renacieron sin duda alguna, en abril de 2008: la nación paraguaya, finalmente, fue recuperada para los paraguayos.

De 1947, cuando amplios sectores políticos y ciudadanos se levantan contra el autoritarismo del Gobierno Morínigo, que rompía un acuerdo político que implantó el breve interregno de aquello que fue conocido como “la primavera democrática”, pocos meses antes. Estos ideales de transformación política y de profundas reformas del Estado paraguayo abrazado por esta generación que se levantó contra la implantación de la nueva dictadura de Morínigo – que significo una violenta guerra civil, exilios masivos y saqueos indiscriminados -, sin duda renace para todos, el 20 de abril de 2008.

De 1958/1959, cuando sectores obreros, decretan una de las primeras huelgas contra la dictadura, exigiendo mejores salarios. El gobierno de Stroessner los reprime, los líderes son apresados y otros van al exilio. Poco tiempo después los estudiantes se movilizan contra la suba del pasaje; también son violentamente reprimidos, varios de ellos terminan presos, o emprenden el desgarrante camino del exilio. Al mismo tiempo, un grupo de activos militantes de las bases del Partido Colorado decide cuestionar al dictador Alfredo Stroessner: proponen el levantamiento del Estado de Sitio y exigen su renuncia; como resultado, varios dirigentes son encarcelados y otros enviados al exilio. Estos desafíos de los trabajadores al poder autoritario en 1958, asimismo la energía de los jóvenes estudiantes de fines de los años ’50, y las aspiraciones de un sector de colorados del ’59, se expresan con todas sus fuerzas en la victoria de abril de 2008: vuelven a ser posibles los sueños, no todo estaba perdido.

De los años ’60, cuando un grupo de hombres y mujeres, destacados dirigentes políticos liberales, febreristas, socialistas, comunistas, colorados, independientes, etc., creen que ha llegado el momento de combatir a la dictadura con las armas, pues la misma había cerrado todas las puertas a la participación democrática y al diálogo, con las represiones de 1958/1959. Abril de 2008 es heredero de los combatientes del “Movimiento 14 de Mayo”, de Juan José Rotela y otros tantos liberales que deciden y apuestan una salida armada con la fuerza y la pasión de las ideas. Abril de 2008 también es heredero de los compañeros del Frente Unido de Liberación Nacional (FULNA) que, decididos a enfrentar a la dictadura, invierten su experiencia política, sus sueños libertarios, sus ideas, para cambiar revolucionariamente el Paraguay.

De los años ‘60/’70, cuando un sector de cristianos comprometidos con su fe, deciden crear las Ligas Agrarias Cristianas y de esta manera buscar la tierra prometida en el cielo, en el territorio paraguayo. Enfrentan decididamente a la dictadura, buscando ese ideal cristiano de comunidad, igualdad y justa distribución de los bienes. De finales de los años ’60, cuando jóvenes estudiantes se enfrentan con la policía stronista protestando por la presencia del Nelson Rockefeller, enviado del Gobierno Nortemericano. Las posturas anti imperialistas, de tradición en la historia social de nuestro pueblo, retoman los jóvenes del ’68. Y todo esto, renace en 20 de abril de 2008: regresan cantando los compañeros de las ligas agrarias, con cabellos blancos y algunos años incorporados, pero con la visón de los justos que los años lo incorporan, vuelven a pensar en la posibilidad de una justa distribución de los bienes en la tierra, esa gran utopía cristiana. El 20 de abril de 2008, vuelven los héroes civiles de las ligas agrarias, y de nuestro mayo de 1968, con la sonrisa y la alegría de estar presentes.

De los años ’70, cuando, un grupo de estudiantes, juntamente con sectores sociales y políticos contestatarios a la dictadura, decide oponerse a la firma del Tratado de Itaipu, y luchar por su rechazo. De los compañeros que, a semejanza de aquellos que a inicios de los ’60 deciden enfrentar con las armas a la dictadura, ahora también estos jóvenes estudiantes y militantes sociales del campo, a través de la Organización Político Militar (OPM), con sus ideales y posturas que apostaban por el cambio en Paraguay, arriesgan sus vidas por estos sueños de esperanza. En abril de 2008, los jóvenes de entonces, regresan con sus utopías y cantan esa victoria.

De las mujeres paraguayas, que con sus luchas, sus organizaciones y movimientos a lo largo de los años – especialmente durante los ’80 – nos enseñaron que no todo estaba perdido. Nos muestran que los derechos de las mujeres, conquistado a costa de grandes luchas y esfuerzos de diversos sectores –pero principalmente de ellas mismas -, debe ser una de uno de los mayores principios por los cuales vale la pena luchar. Nos señalan que la inclusión de las mujeres debe ser parte de la lucha cotidiana por la democratización de nuestro país, que estas reivindicaciones no pueden estar separadas del cotidiano de los movimientos políticos, sociales, etc. Nos enseñan que la discriminación de todo tipo, social, de género, política, debe ser eliminada. Nos apuntan que debemos caminar juntos todos, hombres, mujeres, aquellos que tienen una orientación sexual distinta a la nuestra, aquellos que luchan por una identidad de género: todos juntos. Y este arco iris humano, con toda esa gran pasión y carga emotiva, está presente en abril de 2008.

Retomar la esperanza

De todo esto somos herederos, de todas estas luchas y pasiones abril de 2008 es heredero. No es Lugo, es el proceso histórico que se llegó a plasmar para llevarlo a la presidencia, son los héroes recogidos por el camino, hombres y mujeres que han dado su vida, o parte de ella, en esta gran aventura de cambiar y transformar el país; jóvenes que con sus energías contribuyeron tremendamente a impulsar la utopía; trabajadores y obreros que, resistiendo a lo largo de los años contra la dictadura y sus expresiones políticas empresariales, lucharon tenazmente contra la política del autoritarismo que callaba toda posibilidad de agrupamiento sindical e independiente. De los campesinos y pequeños productores del campo, quienes desde las montoneras de los años ’50 en el Departamento de Cordillera, hasta las organizaciones de ligas agrarias cristianas han indicado un camino rumbo a una patria soberana, con justa distribución de la tierra, hoy en pocas manos, y de dudosa propiedad. No es Lugo, es esta herencia y esta tradición que renace en abril de 2008 y que, lamentablemente, está siendo cuestionada hoy en nuestro país.

Al mismo tiempo, todo el gran movimiento histórico que condujo al triunfo el 20 de abril de 2008, significó también un gigantesco ajuste de cuentas con la experiencia histórica de los pueblos del Continente. Si la herencia conservadora y contrainsurgente que predominó en nuestro país durante tantas generaciones condenó a cientos de luchadores y demócratas al dolor del exilio y del genocidio, junto con los pueblos de nuestra América, Paraguay pudo, después de abril de 2008, sanar sus heridas y ensayar su inserción soberana como parte de una sociedad sedienta de cambios y transformaciones. Súbitamente, fuimos transportados a la intensidad de una vida de hermanos entre los pueblos de la región, derribando vallas y construyendo sueños de igualdad y de confianza por una sociedad más justa. No es a Lugo, es a esta herencia cambios, que desde abril de 2008 se introduce, y que llenaron de orgullo a todos los paraguayos dispersos por la diáspora, es la que quieren, de un golpe, eliminar.

Amplios sectores conservadores, orientados y dirigidos por sus partidos políticos, por los medios de comunicación – que muchas veces orientan estas acciones -, han impulsado un proceso de deconstrucción política de esta historia. Pero no debemos ser ingenuos. En este sentido, nos preguntamos si Lugo tuvo errores, si las expectativas no fueron sobredimensionadas, etc. Claro que si. Tuvo errores y varios. Su gobierno no fue aquel que todos de alguna manera soñamos, en algunos campos no ha retomado el camino y la herencia de nuestros héroes civiles que años atrás nos indicaron la senda a seguir. Es cierto, su gobierno tuvo sus grandes deficiencias, fue frágil…pero fue digno. Por eso, no es Lugo. Es la expresión de ese arco iris de ideas, personas, posiciones, etc., que se agruparon en torno a ese objetivo, a esa idea fuerza del cambio en nuestro país, lo que está siendo cuestionada por los sectores conservadores en Paraguay.

Grupos conservadores se han encargado no solamente de cuestionar y criticar al Gobierno Lugo, intentaron también sacarlo de la historia. Al aislar esa tradición, al insertarlo como algo episódico, único, que debe ser extirpado, han tratado de dejarnos sin historia, buscando rápidamente apartar estos años de la memoria de nuestro pueblo. Con ello, pretenden vaciar los contenidos de la inconclusa revolución de 1904; del manifiesto de la Liga Nacional Independiente de 1928; de los ideales de cambio y transformación que impulsaron a gran parte del pueblo paraguayo a levantarse contra la tiranía en 1947; de las luchas de 1958/1958 contra la dictadura; de la experiencia de los movimientos armados, 14 de Mayo y el FULNA, contra el stronismo; de los ideales y utopías de aquellos componentes de las ligas agrarias cristianas; de los jóvenes estudiantes que en mayo de 1968 – al igual que gran parte de la juventud en el mundo – se enfrentaron al enviado del imperialismo. Sectores conservadores intentan vaciar de contenidos las protestas contra la firma del tratado de Itaipu en 1973, de las propuestas de cambio revolucionario encarnado por los compañeros de la OPM, siendo que varios de ellos fallecen abrazando esa propuesta; intentan eliminar de la historia las luchas de las mujeres paraguayas por la igualdad de derechos y por la inclusión social; la lucha de todas aquellas que se posicionen por una identidad de género y por el respeto a una libre orientación sexual. En fin, estos sectores conservadores al apuntar únicamente al presidente Lugo y construir su imagen como aquella de un mal gobernante, reconstruyen nuestra historia, la reescriben y con ello todos los ideales y utopías por los cuales lucharon y murieron nuestros hermanos, padres, abuelos, amigos, esposos, lo vacían de contenido; buscan eliminar de un golpe, como lo han hecho, toda nuestra historia social.

Por eso es que los segmentos conservadores y sus orientadores políticos, los medios de comunicación, intentan desnaturalizar y degradar los ideales de las ligas campesinas, de aquellas mujeres y hombres que lucharon contra el Tratado de Itaipu en 1973. Estos sectores, que identificando a Lugo como la escoria, como un presidente sin personalidad, débil de carácter etc., intentan eliminar de la historia no a la persona Fernando Lugo, sino a las tradiciones de cambio y transformación social que, desde los años posguerra, el pueblo paraguaya ha tratado de impulsar y realizar.

Volver a los ’17, en abril

Por eso no es Lugo a quien intentan denostar y callar. Es al movimiento social, a sectores políticos, a las grandes franjas de liberales, colorados, socialistas e independientes que a lo largo de la historia se han identificado con las luchas sociales. Es a esa tradición, a esos héroes civiles que han combatido a lo largo de nuestra historia por transformar revolucionariamente nuestro país, de manera que la justicia y la inclusión social, la tierra para todos, un país sin explotados y explotadores, pueda hacerse realidad.

Intentan denostar a los socialistas que combatieron por llegar al cambio; a amplios sectores del partido colorado que, identificados con las conquistas históricas de nuestros héroes civiles – que lucharon por un país soberano e independiente -, han apostado al cambio, incorporando las ideas sociales y políticas de Blas Garay, Ignacio A. Pane, Ricardo Brugada, Telémaco Silvera, Serafina Dávalos y otros que se insertan en las grandes propuestas de transformación social en el país; intentan acallar al pueblo liberal que, identificado con signos y propuestas de democracia y libertad, han abrazado históricamente, desde José de la Cruz Ayala, Manuel Gondra, Modesto Guggiari, Segundo Sánchez y toda la generación del reformismo liberal, un ideal de reforma de las estructuras nacionales, y una justa distribución de las riquezas en el país; buscan excluir de la historia a la gran gama de militantes socialistas, comunistas, anarquistas, quienes, como Rufino Recalde Milessi, Oscar Creydt, Pedro P. Samaniego, Rafael Barrett, y tantos otros, han desatado las primeras reflexiones y acciones acerca de las injusticias en la sociedad paraguaya años atrás; intentan eliminar en los corazones y mentes de amplios sectores independientes que la experiencia Lugo debe ser vista como algo transitorio, que no puede imperar en nuestro país, pues comete el gran error de buscar reivindicaciones de los sectores populares, recogiendo históricamente las banderas de nuestros héroes civiles, de nuestros muertos por la libertad y por la revolución. Estos sectores conservadores hoy intentan inculcar, a través de la calumnia, de la mentira, de los golpes, y de las distintas maneras y formas que los sectores dominantes tradicionalmente han impulsados los quiebres institucionales en el país, que no debemos volver al Gobierno Lugo.

Pero no es Lugo, es el significado el 20 de abril de 2008, lo que intentan callar. Intentan callar y eliminar esas voces históricas, esos hombres y mujeres que han transitado toda una vida buscando el cambio, caminando hacia una esperanza de transformaciones sociales en el país.

Por eso, no nos dejemos engañar. Necesitamos de una conciencia crítica, reconozcamos los errores, ellos son humanos. Cuestionemos y critiquemos a Lugo. Pero no perdamos la perspectiva histórica. Es necesario recuperar el 20 de abril de 2008, el 21 de abril de 2013. Y con ello estaremos recuperando la esperanza y las tradiciones de cambio en nuestro país, estaremos recuperando las grandes luchas del pueblo paraguayo, de nuestros héroes civiles: Juan Carlos Da Costa, Martino Rolón, Juan José Rotela, Silvano Ortellado, Derlis Villagra, Miguel Angel José Soler, Agapito Valiente, Américo Villagra, Agustín Goiburú, Amilcar Oviedo, Rufino Recalde Milessi, Serafina Dávalos, Carmen Soler y tantos héroes anónimos de nuestro pueblo. Como paraguayos, pertenecemos a un pueblo que ha dado demostraciones de una profunda conciencia latinoamericana. Ha dado muestras de eso en el campo y en la ciudad, luchando por mayor justicia, igualdad y democracia. Ha sabido unirse al torrente de cambios, y tuvo personalidades de reconocimiento indiscutible como Soledad Barrett y Esther Ballestrino de Careaga, cuyas vidas dedicadas a la democracia y a la libertad, iluminan el firmamento por generaciones. Con todas ellas y ellos estamos profundamente plantados en la región.

Por eso, no es Lugo. Es la expresión de estos ideales y utopias de nuestro pueblo lo que debemos defender, recuperar, y de esta manera, hacer que vuelva la esperanza de un Paraguay sin opresores ni siervos. Un Paraguay orgullosamente sintonizado a los cambios que los demás países y pueblos del Continente buscan construir

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