Argentina – 2002 PNUD

SOCIEDAD: INFORME DEL PNUD

 

 

Los ricos y los pobres, la gran brecha nacional

 

 

La desigualdad y la pobreza; la disparidad productiva entre las provincias y la veloz degradación en que se hundió Argentina quedan reflejadas en el informe que el PNUD difundirá el jueves. Un aporte para las reformas urgentes que el país necesita.

Liliana Moreno. DE LA REDACCION DE CLARIN.

 

 

 

LA ARGENTINA INJUSTA. LA OPULENCIA Y LA MISERIA, UN ENCUENTRO COTIDIANO EN LAS CALLES DE BUENOS AIRES. (Foto: Roberto Ruiz)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Cuando promediaba la investigación Aportes para el Desarrollo Humano, Argentina 2002 del Programa para las Naciones Unidas y el Desarrollo (PNUD), la crisis de diciembre de 2001 hizo estallar los principales indicadores socioeconómicos y hubo que volver sobre ellos para actualizarlos. Esta tarea ardua e imprevista convirtió a este informe, que el jueves próximo se presentará en sociedad, en un testigo lúcido del derrumbre de la Argentina aunque su objetivo no sea la coyuntura. “Nos proponemos a partir de este trabajo contribuir al debate de las políticas de reforma que hacen falta para sacar al país de la crisis. Políticas a mediano y largo plazo que son las que no han sido pensadas en décadas, y que encaucen a la Argentina hacia un crecimiento con equidad y en medio de libertades políticas”, dice la socióloga Liliana de Riz, coordinadora del informe.

Una agenda creíble de reformas no debería dejar de lado problemas como la desigualdad y la pobreza, la capacidad competitiva de las provincias o la relación de la sociedad con la democracia, los tres grandes campos que encara el informe del PNUD conectados por el eje del desarrollo humano. Un índice que en este trabajo es el resultado de la inclusión de nuevas variables —como mortalidad infantil por causas prevenibles, calidad educativa y tasas de sobreedad escolar y oportunidades de tener una vida larga y saludable— en el índice clásico elaborado por las Naciones Unidas, para poder reflejar más ajustadamente las disparidades entre provincias y regiones del país.

“El crecimiento del ingreso, por ejemplo, lo tomamos como una variable más —dice De Riz— porque solo no da una medida del desarrollo de las sociedades. Y la Argentina es un buen ejemplo de esto si tenemos en cuenta su crecimiento en la última década.”

Desigualdad y pobreza, la cara social del informe, muestra una sociedad cada vez más sorprendentemente desigual. Si el índice que se elige es el de los ingresos, se observa que en el país la brecha entre el 20 por ciento de los ingresos más bajos y el 20 por ciento de los más altos se duplicó en los últimos siete años: la distancia era de 11.5 veces en 1995 y creció a 20.4 en 2002, con un pico de 52,7 veces en Formosa donde el crecimiento en esos años fue de un 361 por ciento.

La caída drástica de los ingresos, en cambio, muestra que el promedio global es de un 20 por ciento y el panorama muy desigual: mientras el derrumbe marca un 10 por ciento en Buenos Aires, la caída es del 24 en Tucumán y del 31.6 en Formosa. Disparidades críticas que también se expresan en el “rubro” de las necesidades básicas insatisfechas donde el promedio nacional ronda el 24 por ciento pero supera el 30 en provincias como Santiago del Estero, Chaco y Catamarca.

“Lo que aparece aquí —sintetiza De Riz— es una suerte de visión de la Argentina social, de la terrible y rapidísima degradación de condiciones que ya eran muy desiguales y de la falta de políticas proactivas de crecimiento económico. Además, un hecho que salta muy claro en esta investigación es que los procesos de descentralización del gasto social en la Argentina —como salud y educación— se hicieron por razones fiscales, al revés de como se hace una buena descentralización que es evaluando, produciendo y controlando la eficiencia en la producción del servicio. Entonces, en la medida en que las provincias entraron en situaciones críticas financieras lo que hicieron fue gastar menos o bajar la calidad del gasto social.”

El trabajo Competitividad de las provincias despliega el perfil productivo de la Argentina, un abanico que abarca desde situaciones de enorme retraso productivo y economías basadas en recursos naturales de explotación extensiva hasta grandes estructuras diversificadas. Las estadísticas lo demuestran: el 60 por ciento de la inversión en ciencia y tecnología, por ejemplo, está concentrada en Buenos Aires y su provincia o el 85 por ciento del producto generado en el país está localizado, además de en Buenos Aires, en los grandes centros como Córdoba, Mendoza y Santa Fe que tienen un desarrollo humano de nivel medio, mientras que en el otro extremo las provincias del noroeste y noreste presentan las situaciones estructurales más críticas.

La conclusión de este perfil económico tan concentrado, dice De Riz, “indica la ausencia de una estrategia federal territorial de desarrollo, no la ha habido en las últimas décadas y, por lo tanto, la contracara oscura de este proceso es que hoy tenemos provincias que dependen de sus recursos naturales mientras otras dependen exclusivamente de las partidas que les transfiere la Nación”. Y agrega: “Necesitamos urgente una redefinición de nuestro federalismo que no opera como tal ya que Argentina sigue siendo una confederación de provincias mal unidas como lo había definido Carlos Pellegrini en el último cuarto del siglo 19. Esto obliga a pensar en una transferencia de recursos de provincias más ricas a más pobres y en el diseño de una estrategia de crecimiento para todo el territorio”.

Por último el trabajo sobre Los argentinos y la democracia hace eje en los desafíos que enfrenta la política y en la construcción de los lazos entre representantes y representados.

Encuestas, entrevistas a dirigentes políticos y talleres con organizaciones de la sociedad civil acercaron una imagen fundamentada de esta percepción que tienen los argentinos del régimen democrático y de su dirigencia. Los resultados hablan de que hasta febrero de 2002, un 60 por ciento de la gente creía que la democracia es el menos malo de los sistemas y que hay que conservarlo mientras un 47 por ciento sostenía que se puede preservar el sistema sin partidos políticos. Además, que los cambios deben darse en paz respetando los procedimientos constitucionales y que el Estado debe ser responsable y capaz de regular la economía a la vez que las políticas sociales no deben ser meramente compensatorias del desastre sino instrumentos del desarrollo.

Para De Riz, la idea fuerte de esta parte del informe “es cómo la gente percibe esta democracia que valora aunque critica fuertemente, lo que da para pensar en una agenda de la reforma política. Además hay un muy buen análisis de la organización interna de los partidos donde los mismos dirigentes políticos aceptan todas las críticas, comparten la idea de mejoras pero, a la vez, no muestran saber cómo hacerlo“.

La presentación de Aportes para el Desarrollo Humano de la Argentina estará seguida de un fuerte impulso a su difusión: se distribuirá y discutirá provincia por provincia, habrá versiones escolares para primaria y secundaria y acceso al informe a través de Internet. La única manera, dicen los especialistas en el PNUD, de cumplir con el objetivo de contribuir a un amplio debate nacional.

 

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